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31
Ago
Plásticos, microplásticos, nanoplásticos:  de la acción personal a la global

By: Allan Astorga Gättgens

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Plásticos, microplásticos, nanoplásticos:  de la acción personal a la global

Introducción

El plástico es uno de los inventos más influyentes del siglo XX. Su versatilidad, bajo costo y resistencia transformaron la forma en que producimos y consumimos. Sin embargo, ese mismo éxito lo convirtió en uno de los contaminantes más persistentes y problemáticos de la historia humana. 

Con el paso de las décadas, los plásticos que no se degradan fácilmente, por la luz solar, el movimiento del agua, la abrasión y la acción de microorganismos, han ido fragmentándose en partículas cada vez más pequeñas: los microplásticos (menos de 5 mm) y nanoplásticos (menos de 100 millónesimas de mm), que hoy se encuentran en los océanos, en los suelos, en el aire y en los alimentos que ingerimos.

El tema no es solo ambiental, sino también de salud y de futuro. La humanidad enfrenta la contradicción de haber creado un material indispensable para la vida moderna, pero incapaz de gestionar sus consecuencias. Y lo más grave es que la proliferación de los plásticos coincide, desde la década de los ochenta, con un deterioro acelerado de la ecosfera terrestre en múltiples dimensiones.

Algunos datos relevantes

En todo el planeta, anualmente se desechan alrededor 280 millones de toneladas de productos plásticos de vida corta (que se usan solo una vez).

En total, el 46 % de los residuos plásticos se encapsula en vertederos municipales (rellenos sanitarios), mientras que el 22 % se gestiona de manera inadecuada y se convierte en basura. A diferencia de otros materiales, el plástico no se biodegrada. Puede perdurar cientos de años, por lo que, cuando se desecha, se acumula en el medio ambiente. 

Esta contaminación asfixia a la fauna marina, deteriora el suelo, envenena las aguas subterráneas y también es un factor causante de la crisis climática. 

La producción de plástico es uno de los procesos de fabricación más intensivos en energía del mundo. Este material se fabrica a partir de combustibles fósiles, como el petróleo crudo, que se transforman mediante calor y diversos aditivos en un polímero. En 2019, los plásticos generaron 1.800 millones de toneladas métricas de emisiones de gases de efecto invernadero, el 3,4 % del total mundial.

Principales fuentes

Cerca del 36% de todos los plásticos producidos se utilizan en envases o embalajes. Esto incluye los embalajes de plástico de un solo uso de alimentos y bebidas, el 85 % de los cuales acaban en vertederos o como residuos gestionados de forma inadecuada.

En la agricultura el plástico está omnipresente: se utiliza en todo tipo de productos, desde recubrimientos de semillas hasta películas de mantillo (abono). 

Cada vez que se lava la ropa, las prendas desprenden diminutas fibras de plástico llamadas microfibras, una forma de microplástico. Cada año, el lavado de ropa por sí solo provoca que lleguen a los mares unas 500.000 toneladas de microfibras de plástico, el equivalente a casi 3.000 millones de camisas de poliéster.

Hoy, se encuentran en casi todos los ecosistemas del planeta: en la superficie de los océanos, en sus profundidades, en lagos y ríos, en suelos agrícolas y hasta en el aire urbano. Se han detectado en organismos marinos, aves, mamíferos y también en humanos, a través del agua potable, el aire y los alimentos. Sus impactos exactos en la salud aún se investigan, pero la evidencia apunta a posibles efectos en sistemas respiratorios, digestivos y reproductivos, además de la capacidad de transportar contaminantes químicos adheridos a sus superficies.

Recientes investigaciones han mostrado que incluso productos tan cotidianos como las bolsitas de té, especialmente aquellas fabricadas con materiales plásticos, liberan millones de partículas de micro y nanoplásticos en cada taza.

La industria pesquera es otra fuente considerable de desechos plásticos. Más de 50 millones de  kilogramos provienen de los aparejos (redes, anzuelos, etc.) de la pesca industrial. 

Los años ochenta: un punto de inflexión global

La producción mundial de plásticos comenzó a despegar después de la Segunda Guerra Mundial, pero fue a partir de los años sesenta y setenta cuando se masificó. Bolsas, envases, empaques, fibras textiles, piezas industriales y una infinidad de objetos se elaboraron con este material. Para los años ochenta, el plástico ya era inseparable de la vida diaria.

La masificación de los plásticos y la proliferación de microplásticos no ocurrieron en aislamiento. Desde la década de los ochenta, el planeta entró en una fase de deterioro ambiental acelerado. Repasemos algunos datos:

  • Humedales y bosques: se perdió un porcentaje muy alto de humedales (casi la mitad) y la deforestación tropical avanzó a gran velocidad.
  • Arrecifes coralinos: comenzaron los episodios masivos de blanqueamiento, con pérdida acelerada de biodiversidad marina.
  • Degradación del suelo: la expansión agrícola y ganadera intensiva generó erosión, pérdida de fertilidad y desertificación.
  • Contaminación: aumentaron los vertidos de químicos y nutrientes en suelos y mares, provocando zonas muertas.
  • Biomasa marina: estudios indican que la biomasa de peces y organismos marinos se redujo aproximadamente a la mitad en cuatro décadas.
  • Extinción de especies: se intensificó la llamada sexta extinción masiva.
  • Dióxido de carbono: la concentración atmosférica pasó de unas 340 ppm en 1980 a más de 420 ppm en la actualidad.
  • Todos estos factores, combinados con el auge de los plásticos, conforman un efecto acumulativo y sinérgico que ha llevado al deterioro integral de la ecosfera terrestre. La coincidencia temporal no es casual: responde a un modelo económico basado en la explotación ilimitada de recursos y en la producción masiva de desechos. Y agregaríamos también, en una incorrecta y no planificada forma de usar los recursos.

Acciones humanas: del individuo a lo colectivo

  • Frente a este panorama, resulta fácil caer en la sensación de impotencia. Sin embargo, la acción individual y colectiva sigue siendo fundamental.

    A nivel personal, se puede:
  • Reducir el consumo de plásticos de un solo uso, sustituyéndolos por materiales reutilizables.
  • Evitar productos con exceso de embalaje.
  • Optar por textiles naturales (algodón, lino) frente a los sintéticos.
  • Filtrar el agua potable en casa para reducir la ingesta de microplásticos. 
  • Lavar con menos frecuencia. 
  • Sustituir el uso de las bolsas de té por infusores no plásticos. 
  • En el caso de que irremediablemente se deba utilizar plásticos, procurar que sea lo mínimo y que sea dispuesto en un sitio de encapsulado para evitar que llegue al suelo, a los ríos o los mares.
  • Informarse y educar a otros sobre el tema.

A nivel comunitario y nacional, las políticas de regulación, gestión de residuos, investigación en materiales biodegradables y educación ciudadana son pasos clave. Y a nivel global, urge un tratado internacional vinculante que limite la producción de plásticos y financie la restauración de ecosistemas contaminados.

Una visión estratégica: el SISTEMA SALVETERRA

En este contexto, el SISTEMA SALVETERRA ofrece un marco de acción pragmático y global. Se basa en el reordenamiento territorial con visión planetaria, identificando las zonas aptas para el desarrollo humano y las que deben regenerarse para restaurar el equilibrio de la ecosfera. También incluye un reordenamiento del sistema productivo y descontaminación de la Ecosfera terrestre.

Sus ejes incluyen:

  • La restauración de 250 millones de hectáreas de bosques tropicales, con capacidad de capturar grandes cantidades de carbono.
  • La promoción de agricultura y ganadería regenerativa, que reduzcan la degradación del suelo.
  • El fortalecimiento de ecosistemas marinos y costeros, clave para frenar la pérdida de biodiversidad y mitigar la contaminación plástica.
  • El uso de la terrazonificación ambiental como herramienta para guiar decisiones locales y globales de planificación, impulsando un progreso humano sustentable.

De esta manera, la lucha contra los plásticos y microplásticos se inserta en un esfuerzo mayor: restaurar la salud de la ecosfera terrestre y garantizar un futuro viable para la humanidad.

Asumir responsabilidades

El plástico nos recuerda la paradoja de nuestra época: un material creado para facilitar la vida que amenaza con destruir las bases que la sostienen. Los microplásticos y nanoplásticos son la expresión más sutil y peligrosa de esa contradicción, pues se infiltran en todos los rincones del planeta y en nuestros propios cuerpos.

No se trata solo de reciclar más o de prohibir bolsas y pajillas, sino de replantear el rumbo del desarrollo humano. Cada acción personal cuenta, pero la magnitud del problema exige acciones colectivas, nacionales y globales.

El SISTEMA SALVETERRA propone precisamente ese salto: pasar de la conciencia individual a un cambio estructural que combine reordenamiento territorial, restauración ambiental y nuevas prácticas productivas. Solo así podremos frenar el deterioro acumulativo iniciado en los años ochenta y abrir un camino hacia un planeta regenerado y habitable para las próximas generaciones.

19
Ago
Ordenamiento y planificación del territorio:entre la pobreza y la riqueza de las naciones

By: Allan Astorga Gättgens

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Ordenamiento y planificación del territorio: entre la pobreza y la riqueza de las naciones

Hablar de Ordenamiento y Planificación Territorial (OPT) en América Latina es casi un pecado, por no
decir un sacrilegio. Se pretexta que nadie tiene derecho de meterse con la propiedad privada y que
cada cual tiene el derecho de hacer con su tierra lo que quiera. Bajo esa premisa se ha ocupado el
territorio durante siglos. Y no solo en América Latina, sino también en gran parte del mundo, incluso
en los países que hoy llamamos “ricos” o del primer mundo.

De este modo se consolidó lo que podemos llamar el Principio Desarrollista: hacer lo que se quiera
en un territorio sin considerar sus limitaciones técnicas o ambientales. El objetivo es simple: producir
los mayores beneficios económicos con la mínima inversión.

Diferencia entre países ricos y pobres
Una de las diferencias fundamentales entre los países del primer mundo y el resto es que los primeros
comprendieron hace décadas que el OPT (y la planificación estratégica) es condición esencial para
alcanzar progreso económico, social y ambiental.

En cambio, en la mayoría de los países en desarrollo, esta visión sigue ausente. Sin una planificación
territorial seria y sostenible, es imposible dar el salto hacia un verdadero desarrollo. Y es justamente
allí donde se define la pobreza o la riqueza de las naciones.

Obstáculos ambientales ignorados
En ausencia de OPT, la existencia de bosques naturales ricos en biodiversidad se percibe como un
“obstáculo” al desarrollo. Se buscan permisos para cambiar el uso del suelo y destinarlos a
monocultivos, construcciones o actividades extractivas. La Amazonia constituye un claro y doloroso
ejemplo: más de 17 % de su superficie ya ha sido deforestada, y estudios del Instituto Nacional de
Investigaciones Espaciales de Brasil señalan que, de continuar la tendencia, el bioma podría alcanzar
un punto de no retorno en pocas décadas.

La ocupación de laderas de alta pendiente y baja geoaptitud, susceptibles a erosión y deslizamientos,
tampoco ha sido un impedimento. Basta recorrer las periferias de grandes urbes de América Latina
—Ciudad de México, Ciudad de Guatemala, Tegucigalpa, San José, Medellín, Bogotá, Quito, La Paz,
entre muchas otras— para comprobar que porcentajes significativos de su población (hasta 50 %)
viven en condiciones de alto y muy alto riesgo.

Lo mismo ocurre con áreas críticas: fallas geológicas activas, suelos agrícolas de altísima fertilidad,
humedales y zonas de recarga acuífera. Todas son ocupadas bajo el argumento de que “siempre se
ha hecho así” y que “el desarrollo no puede detenerse”. El resultado es un territorio fragmentado,
degradado y más vulnerable.

Perspectiva planetaria
Hoy somos más de 8.200 millones de habitantes, presentes en casi todos los rincones del planeta.
Nuestra acción, sumada durante siglos, nos ha convertido en el principal agente transformador de la
ecosfera terrestre.

Desde el inicio de la era industrial, pero especialmente en los últimos 45 años, hemos intensificado
nuestra presión sobre los ecosistemas. La quema de combustibles fósiles —carbón, petróleo y gas
natural— junto con la deforestación masiva, ha catalizado el Cambio Climático, generando una
anomalía antrópica inédita en al menos 800.000 años, según los registros paleoclimáticos.

Los efectos ya no son abstractos: las olas de calor extremo de este año, particularmente durante este
mes de agosto, han superado los 40 °C en Europa mediterránea, con muchas muertes asociadas. A
esto se suman otros factores: la degradación y pérdida de suelos, la desaparición de bosques y
arrecifes coralinos, la contaminación química y plástica de las aguas y la caída de la biomasa marina,
que vuelve cada vez más difícil la pesca.

Todo esto configura el desequilibrio de la ecosfera terrestre, en franco deterioro desde hace 200 años
y con especial aceleración en las últimas cuatro décadas. Ese deterioro acumulativo nos acerca
peligrosamente a un punto de inflexión global que debemos evitar.

Una visión estratégica
Nuestros estudios de OPT en regiones tropicales (ver www.salveterra.info/documentos) muestran que
los impactos del desequilibrio de la ecosfera no afectarán por igual a todas las regiones del planeta.
Algunas serán mucho más golpeadas que otras.

La NASA ha advertido que, hacia 2050, en regiones áridas y semiáridas —incluyendo el Mediterráneo
europeo— las condiciones ambientales serán tan extremas que la vida humana será inviable durante
varios meses al año. Esto generará flujos inéditos de migrantes climáticos temporales hacia regiones
menos impactadas, particularmente los países tropicales.

Centroamérica y el Caribe, según nuestras proyecciones de cambio climático con horizonte al 2079,
tienen un gran potencial para acoger este tipo de población. Superando sus riesgos geológicos y
climáticos mediante un OPT riguroso, muchos municipios disponen de territorios aptos para
desarrollos urbanos, turísticos y agrícolas sostenibles.

Costa Rica, a pesar de su limitada extensión territorial, posee un impresionante potencial de desarrollo
gracias a sus condiciones ambientales. Este potencial puede ser explotado paralelamente con la
promoción de un elemento clave y estratégico: la producción regenerativa de alimentos sostenibles.
La clave para lograr este desarrollo reside en un Ordenamiento y Planificación del Territorio eficiente
y estratégico. Esta planificación constituye la base fundamental para el desarrollo de países tropicales
como Costa Rica, posicionándolos como modelos de crecimiento sostenible.

Cambio de paradigma
Históricamente, la gestión territorial en países tropicales, incluido Costa Rica, ha seguido un camino
opuesto al que proponemos aquí. El modelo de crecimiento urbano desordenado, junto con la falta de
consideración adecuada del factor ambiental y la gestión del riesgo en la planificación territorial, ha
generado un entorno inseguro para la inversión sostenible.

Es imperativo realizar un ajuste estratégico. Urge adoptar una visión más global y estratégica. Países
tropicales como Costa Rica cuentan con un potencial inmenso que, si se gestiona de manera
adecuada, puede catapultarlos hacia el desarrollo, mientras se protege el medio ambiente y sus
recursos naturales.

(*) Licenciado en Geología (Costa Rica) / Doctor en Ciencias Naturales (Alemania)/ a.astorga.g@gmail.com / www.allan-astorga.com/ Ceo
SISTEMA SALVETERRA (www.salveterra.info)

04
Jul
Junio encendió las alarmas: señales del clima extremo y lo que el mundo debe entender

By: Allan Astorga Gättgens

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Junio encendió las alarmas: señales del clima extremo y lo que el mundo debe entender

1. Introducción: junio 2025, el mes que rompió todos los récords

La Tierra acaba de vivir uno de los momentos más reveladores y simbólicos de su historia reciente. Junio de 2025 ha sido oficialmente el mes más caliente jamás registrado desde que existen mediciones sistemáticas globales (1). La temperatura promedio planetaria superó todos los récords conocidos, encendiendo una alarma clara sobre el estado actual del sistema climático. 

Pero el calor extremo no fue el único signo preocupante: mientras el hemisferio norte ardía con temperaturas superiores a los 40 °C (con algunos sitios que llegaron a más de 45°C), el hemisferio sur, particularmente en Argentina y el Cono Sur, se vio afectado por olas de frío polar con temperaturas mínimas (-10 °C) que no se experimentaban en décadas (2).

Esta disonancia climática no es una casualidad, ni un desequilibrio aislado. Es una señal contundente de que la atmósfera terrestre ha entrado en una etapa de inestabilidad avanzada. El planeta está respondiendo de forma desorganizada a la sobrecarga energética causada por la acción humana. El mensaje es claro: el cambio climático ya no es una amenaza abstracta del futuro. Está ocurriendo ahora, a escala global y con una intensidad creciente(3).

2. El aumento acelerado de la temperatura global

Desde el mediados del siglo XX, la temperatura promedio de la Tierra ha aumentado aproximadamente 1,2 °C. Aunque esta cifra puede parecer pequeña, en términos climáticos representa una alteración enorme de los equilibrios que sostienen los ecosistemas y las sociedades humanas. 

Lo más alarmante no es solo cuánto se ha calentado el planeta, sino la velocidad con la que este calentamiento se está intensificando. En las últimas dos décadas, los incrementos han sido más rápidos, y algunos modelos sugieren que podríamos superar el umbral de 1,5 °C de forma permanente en los próximos años.

Este aumento se debe principalmente a la concentración creciente de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO₂), el metano (CH₄) y el óxido nitroso (N₂O). 

En 2025, las mediciones atmosféricas indican que hemos superado las 427 partes por millón (ppm) de CO₂, un nivel que no se había registrado en más de dos millones de años(3). Por su parte, las concentraciones atmosféricas de metano en 2024 fueron mayores que en cualquier otro momento en al menos 800.000 años.

Esta acumulación de gases genera un desequilibrio en el balance energético del planeta: más energía entra que la que puede salir, lo que alimenta un sistema atmosférico más cargado, más inestable y propenso a generar eventos extremos.

3. Anomalías y extremos: el nuevo rostro del planeta Tierra

Los eventos climáticos extremos se están convirtiendo en la norma. Este mismo junio del 2025, grandes zonas del Mediterráneo —como Sicilia, Andalucía, el sur de Francia y Grecia— experimentaron olas de calor que sobrepasaron los 45 °C, con mínimas nocturnas que no permitían descanso térmico. 

Estas temperaturas, que hace unas décadas eran excepcionales, hoy amenazan con convertirse en habituales durante el verano europeo. Como consecuencia directa, los sistemas de salud colapsan, las cosechas se pierden y aumentan los incendios forestales, como los que arrasaron miles de hectáreas en España e Italia.

Mientras tanto, en el hemisferio sur, Argentina sufrió heladas devastadoras en plena transición invernal, con temperaturas que rondaron los -10 °C en algunas regiones agrícolas. 

La simultaneidad de estos eventos opuestos es prueba de un sistema climático profundamente alterado. La atmósfera ya no responde a patrones estacionales previsibles. 

Se ha vuelto errática, caprichosa, incluso peligrosa. Las estadísticas climáticas históricas pierden valor predictivo, y eso pone en riesgo tanto la producción de alimentos como la planificación urbana, el turismo, la infraestructura y la salud pública.

4. La circulación oceánica: un regulador clave del clima global

Las corrientes oceánicas profundas, conocidas como circulación meridional de retorno (AMOC en el Atlántico Norte y SMOC en el hemisferio sur), actúan como verdaderas cintas transportadoras de calor, nutrientes y carbono a lo largo del planeta. Estas corrientes redistribuyen el calor desde los trópicos hacia las zonas polares y regulan el clima de regiones enteras. Europa, por ejemplo, disfruta de inviernos relativamente templados gracias a la corriente del Golfo, un componente de la AMOC que transporta aguas cálidas hacia el norte.

Sin embargo, en las últimas décadas, señales de debilitamiento y alteración de estos sistemas han generado preocupación en la comunidad científica. Estudios recientes muestran que la AMOC podría estar acercándose a un punto de inflexión debido al aumento del deshielo en Groenlandia, que introduce grandes cantidades de agua dulce al Atlántico Norte. Esta agua menos salina y más ligera dificulta el hundimiento de las aguas frías, lo que debilita la circulación profunda. De colapsar, las consecuencias podrían ser dramáticas: un enfriamiento abrupto en Europa, alteraciones en las lluvias del monzón africano y cambios en los patrones climáticos de todo el hemisferio norte.

Por su parte, el nuevo hallazgo en el océano Austral(4), donde se ha detectado una inversión en la SMOC, representa otro hito preocupante. El ascenso de aguas profundas cargadas de CO₂ y calor a la superficie, como lo revela el estudio reciente, podría acelerar la fusión del hielo antártico y liberar carbono almacenado durante siglos, afectando de forma global las concentraciones atmosféricas y la temperatura media del planeta.

Estas dos circulaciones, aunque separadas geográficamente, están conectadas en el sistema climático global. La alteración de una puede amplificar o desencadenar cambios en la otra. Lo que ocurra en el océano Austral puede afectar indirectamente la estabilidad de la AMOC y viceversa. Por eso, comprender, monitorear y anticipar los cambios en estos sistemas es vital para predecir los efectos del cambio climático en las próximas décadas.

En resumen, las corrientes oceánicas profundas no son meros movimientos de agua: son mecanismos esenciales para mantener el equilibrio térmico del planeta. Esas corrientes son el sistema de circulación de la Ecosfera terrestre, como lo es el sistema circulatorio sanguíneo a un cuerpo humano. Su debilitamiento o inversión puede desencadenar cambios abruptos e irreversibles en el clima. Ante estas señales de alerta, urge reforzar la investigación, el monitoreo satelital y las políticas de mitigación global para evitar que el sistema climático terrestre cruce umbrales críticos.

5. Producción alimentaria bajo amenaza

Uno de los sectores más vulnerables frente a este nuevo clima desordenado es la producción alimentaria. En particular, los países tropicales están viendo cómo sus cultivos tradicionales empiezan a enfrentarse a límites fisiológicos y ecológicos críticos. 

Un estudio publicado en “Nature Food” en marzo de 2025 alertó que el cultivo de banano(5), clave para las economías de exportación en Costa Rica y Colombia, podría perder hasta un 60 % de sus áreas aptas actuales hacia el 2080. El aumento sostenido de temperaturas, la disminución de disponibilidad hídrica y la ausencia de infraestructura adecuada para la adaptación —como riego y transporte logístico— son factores determinantes.

Pero no se trata solo del banano. El café, el cacao, el arroz y muchos otros cultivos tropicales muestran signos de estrés térmico, pérdida de rendimiento y mayor exposición a plagas y enfermedades. La situación amenaza directamente la seguridad alimentaria, la estabilidad social y las exportaciones agrícolas. 

En respuesta, es urgente replantear el ordenamiento territorial, la ubicación de los cultivos, el tipo de variedades que se siembran y el modelo productivo. La agricultura y la ganadería regenerativa, el uso eficiente del agua y la diversificación de sistemas alimentarios deben ocupar un lugar central en las políticas públicas.

En el caso de Costa Rica, la planificación territorial con el correcto criterio ambiental y basada en escenarios climáticos futuros se vuelve indispensable. 

Se deben identificar nuevas zonas de producción aptas para cultivos estratégicos, invertir en tecnología agrícola y promover esquemas de apoyo técnico para pequeños productores. 

El conocimiento del territorio y la ciencia climática deben ser las bases sobre las que se tomen decisiones sobre el uso del suelo.

6. Un caso concreto: Costa Rica y su rol ante un mundo que migra

El cambio climático no solo está transformando la agricultura y los ecosistemas, sino que también está modificando los flujos de población a escala planetaria. La migración climática es una realidad creciente. Millones de personas están siendo desplazadas por sequías prolongadas, inundaciones, huracanes más intensos, aumento del nivel del mar y pérdida de medios de vida. En este contexto, ciertos países podrían jugar un papel estratégico como territorios de acogida. Costa Rica es uno de ellos.

Gracias a su diversidad altitudinal, acceso a fuentes de agua, estabilidad institucional y tradición en conservación ambiental, Costa Rica presenta condiciones excepcionales para convertirse en un modelo de planificación adaptativa. Pero esto no ocurrirá de manera automática. 

Se necesita diseñar una estrategia nacional que contemple el reordenamiento ambiental del  territorio, la infraestructura de apoyo, el desarrollo económico regional, y, sobre todo, una política clara de integración social.

Si se actúa con visión, el país no solo podrá acoger a turistas climáticos de otras latitudes, sino también revitalizar sus propias zonas rurales, fortalecer su seguridad hídrica y alimentar una economía verde basada en el conocimiento, la innovación y el respeto por la naturaleza.

7. Conclusión: estamos en el umbral — y aún hay decisiones que tomar

El mes de junio de 2025 ha sido un parteaguas. El planeta se está comunicando con fuerza: calor sin precedentes, fríos extremos, incendios, colapsos agrícolas y olas de migración forzada. No se trata de eventos aislados, sino de síntomas de una enfermedad sistémica. La crisis climática está aquí y cada vez es más evidente, y sus consecuencias apenas comienzan a desplegarse.

La ciencia ha sido clara, coherente y persistente en sus advertencias. Lo que falta ahora es una respuesta social y política a la altura de la emergencia. No hay excusas. Cada año que se pierde en inacción significa mayor sufrimiento, más muertes evitables, más pérdida de ecosistemas, más caos.

Pero también hay esperanza. Las soluciones existen. Están al alcance. Requieren decisión, valentía y sentido de responsabilidad intergeneracional. Países como Costa Rica, con sus fortalezas naturales e institucionales, pueden convertirse en faros de esperanza y en ejemplos de cómo enfrentar la crisis climática de forma justa, ordenada y eficiente. El momento para actuar es ahora.

(*) Doctor en Ciencias Naturales, Ceo del SISTEMA SALVETERRA®. Correo: a.astorga.g@gmail.com /www.allan-astorga.com/www.salveterra.info 

  • Junio de 2025 ha “pulverizado” récords y ha marcado una temperatura media de 23,6ºC, un total de 0,8ºC superior al junio de 2017, el anterior más cálido, según ha señalado la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en un mensaje a través de la red social ‘X’. Fuente: https://www.telemadrid.es/noticias/sociedad/Junio-de-2025-el-mas-caliente-de-la-serie-historica-de-Aemet-0-2793620634–20250701072812.html#:~:text=Junio%20de%202025%20ha%20%22pulverizado,la%20red%20social%20’X’. 
  • https://www.clarin.com/sociedad/llego-dia-frio-ano-alertas-medio-pais-temperatura-cero-amba_0_WsgEVL4jMT.html 
  • https://climate.copernicus.eu/global-climate-highlights-2024
  • https://www.icm.csic.es/es/noticia/detectan-una-reversion-importante-de-la-circulacion-oceanica-en-el-oceano-austral
  • https://www.nature.com/articles/s43016-025-01130-1 

Fuente: https://climate.copernicus.eu/global-climate-highlights-2024

14
Jun
La importancia de la vida en la Tierra: una perspectiva cósmica

By: Allan Astorga Gättgens

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La importancia de la vida en la Tierra: una perspectiva cósmica

La vida en la Tierra no es simplemente un fenómeno biológico: es el resultado de una larga historia cósmica, geológica y evolutiva que se remonta a casi 14.000 millones de años. Comprender esa historia nos permite apreciar el valor incalculable de la biodiversidad que hoy habita nuestro planeta. 

Desde la formación de los elementos en las estrellas hasta el surgimiento de organismos complejos, cada etapa ha sido imprescindible para hacer posible la vida. Esta perspectiva, común entre geólogos y astrobiólogos, es aún poco comprendida por la mayoría de la humanidad. Y es precisamente esa desconexión la que está permitiendo que destruyamos, en pocas generaciones, lo que tomó miles de millones de años en emerger. Necesitamos comprender la enorme importancia que tiene la vida en la Tierra.

Contexto cósmico

Desde que nuestros antepasados comenzaron a mirar las estrellas, la humanidad ha sentido una profunda curiosidad por su lugar en el cosmos. ¿Somos los únicos seres inteligentes? ¿O hay otras formas de vida en vastas regiones del Universo? Estas preguntas, aunque emblemáticas, encierran también una visión más esencial: comprender la historia de la vida en la Tierra como parte de la historia universal, un relato que atraviesa miles de millones de años y que revela la interconexión entre el cosmos, la materia y la existencia misma.

La piedra angular de esta visión es reconocer que la vida en nuestro planeta no es un fenómeno aislado ni circunstancial. Es, en realidad, una expresión de los procesos que dieron forma al Universo: la formación de estrellas, la producción de elementos químicos, la formación de planetas y, finalmente, el surgimiento de la biodiversidad. 

La historia de la vida y la historia del Universo están entrelazadas en un viaje de miles de millones de años, donde cada etapa ha sido fundamental para que hoy existamos, y para comprender nuestro papel en nuestro Universo.

El universo y la generación de los ingredientes de la vida

Para entender la importancia de la vida en la Tierra desde una perspectiva geológica y cosmológica, debemos comenzar por el origen de los elementos que la componen. Después del Big Bang, hace aproximadamente 13.8 mil millones de años, el Universo estaba compuesto principalmente de hidrógeno y helio, los elementos más sencillos y abundantes. 

La vida, sin embargo, requiere ingredientes mucho más complejos: carbono, oxígeno, nitrógeno, fósforo, hierro y otros metales, que son fundamentales para las moléculas orgánicas que constituyen los seres vivos.

¿Cómo llegaron estos elementos a nuestro medio? La respuesta está en las estrellas. En su interior, procesos de nucleosíntesis mediante los cuales se generan los elementos pesados, incluyendo el carbono y el oxígeno. Cuando las estrellas masivas colapsan y mueren en explosiones de supernova, liberan estos materiales en el espacio, formando nubes de gas y polvo que, con el tiempo, se convierten en nuevas estrellas, planetas y sistemas solares. 

La historia de la producción y dispersión de estos elementos se extiende por cerca de 9 mil millones de años, un período en el que el Universo fue un escenario de transformación y creación continua.

Es interesante notar que nuestro propio planeta, la Tierra, está compuesta, en gran parte, por estos elementos reciclados, que en su conjunto conforman la materia orgánica y minerales que soportan toda forma de vida. Así, en un sentido muy real, la materia de nuestras células y nuestro entorno proviene de procesos estelares que ocurrieron miles de millones de años antes de que la vida surgiera en nuestro planeta.

El nacimiento del sistema solar y la formación de la Tierra

Hace alrededor de 4.6 mil millones de años, una región de nuestra galaxia (la Vía Láctea) enriquecida por restos de estrellas moribundas empezó a colapsar bajo su propia gravedad. Esta nebulosa solar —una nube gigante de gas y polvo— dio origen a nuestro sistema solar. Poco tiempo después, la gravedad agrupó los materiales en torno a un Sol recién nacido, y en los bordes de esa nube, se acumularon pequeños cuerpos que fueron creciendo hasta formar planetas, lunas, asteroides y cometas.

La Tierra, en su proceso de formación, fue un mundo caliente y violento. Durante millones de años, sufrió extensos bombardeos de meteoritos y condiciones extremas que retrasaron el establecimiento de condiciones estables para la vida. Sin embargo, en algún momento, la Tierra se enfrió, se formaron océanos de agua y aparecieron las primeras formas de vida simple. 

La historia geológica de nuestro planeta, por tanto, se extiende a lo largo de aproximadamente 4.5 mil millones de años, en la que las condiciones materiales y químicas favorecieron el surgimiento de los primeros organismos.

Este proceso no fue inmediato ni lineal. La larga historia de la Tierra, con sus períodos de intensa actividad volcánica, movimiento de las placas tectónicas, cambios en el nivel del mar, formación de continentes y eventos catastróficos, fue también el escenario en el que la vida fue adaptándose, evolucionando y diversificándose lentamente, en un camino que ha abarcado casi toda la escala del tiempo geológico.

La larga travesía de la biodiversidad en la historia de la Tierra

Desde las primeras formas de vida microscópicas en los océanos primitivos, hace más de 3,500 millones de años, la biodiversidad en nuestro planeta ha sido un proceso de constante cambio, adaptación y transformación. 

A lo largo de esos vastísimos intervalos de tiempo, innumerables especies han surgido, evolucionado y desaparecido en un ciclo incesante. Solo en la historia registrada por los fósiles y microfósiles, se estima que han existido entre cinco y diez millones de especies diferentes, de las cuales solo unos dos millones han sido descritas por la ciencia. La mayoría de estas especies ya no están con nosotros, víctimas de extinciones naturales y eventos catastróficos que, en su momento, marcaron puntos de inflexión en la historia evolutiva de la Tierra.

Las extinciones masivas, como las que acabaron con el Permo-Triásico o el evento que acabó con los dinosaurios al final del Cretácico, no fueron solo tragedias de destrucción, sino también la antesala para nuevas formaciones de biodiversidad. La capacidad de recuperación de la vida en la Tierra resulta asombrosa, pero claro está, en tiempos geológicos, es decir, por cientos de miles o millones de años. Esto es muy importante entenderlo para nosotros.

La ecosfera terrestre, tras esos episodios, ha demostrado una resiliencia extraordinaria, reconstruyendo sus ecosistemas y generando nuevas especies en un proceso de renovación continuo. Desde cada catástrofe, la vida ha emergido con renovado vigor, adaptándose a las nuevas condiciones y llenando de biodiversidad los mares, los continentes y los ecosistemas que vuelven a florecer, después de un intervalo geológico de transición, una especie de interregno de vida tras cada extinción.

Este fenómeno de recuperación y adaptación demuestra que, a pesar de la vulnerabilidad y de los momentos de gran pérdida, la vida en la Tierra posee una resistencia fundamental. 

La historia de la biodiversidad es la evidencia de que la naturaleza, pese a los cambios drásticos y las extinciones masivas, consigue seguir su curso, renovándose una y otra vez, en un proceso de permanente transformación, que ahora forma parte de nuestro patrimonio planetario.

De la vida simple a la inteligencia

Allí donde predominó la vida primitiva, microscópica y sencilla, la evolución fue el motor de especies cada vez más complejas. Tras mil millones de años de desarrollo, surgieron los primeros organismos multicelulares, con estructuras mucho más elaboradas y diversificadas. La historia evolutiva llevó eventualmente a la aparición de animales, plantas, hongos y microbios que poblaron todos los ambientes terrestres y marinos. 

De esos procesos emergieron especies de gran tamaño, con diversos modos de vida, formas y funciones, que poblaron los océanos y continentes durante eras enteras. La evolución, además, fue abriendo caminos hacia formas de mayor complejidad cerebral y social. Hace apenas unos millones de años, en el espejo del tiempo, aparecen los primeros homínidos, antepasados directos de la especie humana. La capacidad de aprender, adaptarse y solucionar problemas fue aumentando gradualmente, hasta que, en un momento particular, una especie logró desarrollar la inteligencia moderna, que nos permite comprender esta historia y proyectar un futuro con conciencia de nuestra propia continuidad.

El camino hacia la inteligencia no fue un destino predestinado, sino una consecuencia de procesos de selección natural, adaptaciones y cambios ambientales. Lo notable es que, en esa larga línea evolutiva, los seres humanos somos apenas una pequeña fracción del tiempo, pero en ese breve lapso hemos alcanzado un nivel de autoconciencia, innovación tecnológica y capacidad de transformar nuestro entorno.

La importancia de la resiliencia de la vida en la historia de la Tierra

La resiliencia del planeta y su biosfera ha sido, sin duda, uno de los aspectos más fascinantes de su historia. La capacidad de recuperarse de eventos catastróficos —como las extinciones masivas, la actividad volcánica intensa, cambios drásticos en el clima o incluso impactos de asteroides— muestra que la vida no solo es frágil, sino que, en realidad, posee una sorprendente fortaleza. Cada vez que la ecosfera terrestre parecía al borde del colapso, en cuestión de miles o millones de años, la vida resurgía, llenando nuevamente los ecosistemas con formas nuevas y diversas.

Este proceso de supervivencia y recuperación también revela que, más allá de la mera existencia de especies individuales, lo que perdura en realidad es la capacidad de la biosfera de reorganizarse, de reinventarse a partir de las condiciones cambiantes. 

La historia geológica está llena de ejemplos donde, tras un evento de extinción masiva, la biodiversidad se vio reducida a algunos grupos resistentes, pero con esfuerzo y adaptabilidad, nuevas especies y ecosistemas emergieron, a menudo mucho más diversificados y resistentes que antes. La propia Tierra ha demostrado ser un planeta en perpetuo cambio, con una capacidad casi infinita para adaptarse y continuar su historia.

Un recorrido que enmarca nuestra existencia

Desde esa perspectiva, la existencia de la vida en la Tierra no es solo un evento de interés biológico o paleontológico, sino una parte fundamental de la historia cósmica. La materia que ahora conforma nuestros cuerpos, nuestra atmósfera, los océanos y toda la biodiversidad, ha pasado por un proceso de generación y transformación que involucra las estrellas, los ciclos planetarios y fenómenos geológicos de escala inmensa. 

La vida, en definitiva, es un elemento que conecta el universo y nuestro planeta en un relato común, que trasciende la simple observación de organismos aislados.

En ese sentido, la vida en la Tierra es un ejemplo de cómo los procesos naturales, aunque impredecibles y a veces devastadores, pueden dar lugar a nuevas formas de vida. 

La historia de la vida en nuestro planeta también refleja la forma en que la materia y la energía del cosmos se organizan y reorganizan con un orden que, aunque no siempre aparente, resulta en la abundancia de formas y niveles de complejidad que hoy podemos estudiar y admirar.

La biodiversidad como pilar de la habitabilidad en la Tierra

La biodiversidad, esa impresionante variedad de formas de vida que ha surgido a lo largo de miles de millones de años, no solo es una consecuencia de la historia evolutiva, sino una condición esencial para la habitabilidad de nuestro planeta. En términos simples, podemos decir que la existencia de millones de especies distintas crea un entramado de relaciones interdependientes que mantiene los ecosistemas en equilibrio, regulando el clima, renovando los recursos naturales y asegurando la estabilidad del ambiente en el que también vivimos los humanos.

Cada organismo, desde los microbios que habitan en nuestro intestino hasta los enormes arrecifes de coral, cumple funciones que hacen posible la vida en condiciones que, sin esa biodiversidad, serían mucho más hostiles o insostenibles. Por ejemplo, los bosques y los océanos actúan como sumideros de carbono y reguladores del clima global, procesos facilitados por una inmensa red de organismos que interactúan entre sí. La pérdida de biodiversidad, en ralentí o acelerada, desestabiliza estos procesos y pone en riesgo nuestra propia supervivencia.

La historia de la vida en la Tierra nos muestra que la biodiversidad ha sido un recurso de resiliencia, permitiendo a los ecosistemas recuperarse y adaptarse a cambios drásticos, como las extinciones masivas. La diversidad genética y de especies aumenta la capacidad de reacción ante las amenazas del cambio climático, la contaminación y otras presiones humanas.
Por ello, comprender la importancia de la biodiversidad como soporte vital y patrimonio universal significa también reconocer que cuidarla y preservarla no es solo un acto de ética, sino una estrategia de supervivencia colectiva y de enorme responsabilidad de la especie humana. 

La historia de la vida en la Tierra nos enseña que la variedad de formas de vida es un seguro de continuidad, una fuente de innovación y adaptabilidad en constante movimiento.

Perspectivas futuras: desafíos y oportunidades en la continuidad de la vida

La historia de la Tierra revela un patrón de resistencia y recuperación, pero también indica que esa capacidad no es infinita. En poco más de dos siglos, la actividad humana ha acelerado procesos climáticos y ecológicos, poniendo a prueba esta resiliencia de formas sin precedentes en la historia del planeta. La crisis ambiental actual, caracterizada por el cambio climático, la pérdida masiva de especies, la degradación de ecosistemas y la contaminación, representa un punto de inflexión en la historia de la ecosfera terrestre, reflejando un desequilibrio marcado y peligroso.

Sin embargo, el conocimiento de que la vida ha resistido y se ha recuperado de eventos catastróficos a lo largo de eones nos deja dos mensajes importantes: primero, la esperanza de que la vida en el planeta puede soportar adversidades y recuperarse tras el intervalo entre la extinción de especies y la regeneración de la biodiversidad; segundo, la comprensión profunda de la responsabilidad que tenemos como humanidad, sabiendo que dicho intervalo es considerablemente extenso en términos humanos, y que si no actuamos correctamente, podríamos no llegar a ver esa nueva biodiversidad.

Tomar conciencia de nuestra situación actual nos llama a ser profundamente responsables y a asumir un papel activo. La ciencia y la tecnología ofrecen nuevas herramientas para la conservación, la restauración de ecosistemas y la innovación sostenible. La humanidad enfrenta un desafío crucial como nunca antes.

El reto del siglo XXI es gestionar nuestros impactos con inteligencia y respeto hacia la historia evolutiva de la vida. La protección del ecosistema y la biodiversidad no son solo tareas de científicos y ecologistas, sino responsabilidades compartidas por toda la sociedad, las instituciones y cada individuo. La historia de la resiliencia planetaria indica que, con esfuerzo colectivo, la biosfera puede seguir siendo un refugio de vida y un testimonio vivo de la interacción entre cosmos, materia y evolución.

Mirando hacia el futuro, surgen oportunidades inigualables: nuevas maneras de pensar y actuar que integren el conocimiento científico con una ética de cuidado y conservación. Reconocer nuestro papel en esta historia de resistencia es una invitación a aprender del pasado, a valorar cada forma de vida y a ser guardianes conscientes del patrimonio universal que es la biosfera. Con sentido de urgencia, necesitamos reorganizar nuestro planeta, facilitar la recuperación de la biodiversidad y asegurar un progreso verdaderamente sostenible para la humanidad.

(*) Ceo del Sistema SALVETERRA®, con interacción con Chatbot y Chat GPT.

09
Jun
Cambio Climático y Límites Planetarios: ¿por qué las soluciones propuestas no bastan y qué sí podría funcionar?

By: Allan Astorga Gättgens

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Cambio Climático y Límites Planetarios: ¿por qué las soluciones propuestas no bastan y qué sí podría funcionar?

En un momento en que el planeta se acerca a límites peligrosos, el lenguaje ambiental dominante parece volverse cada vez más suave. Ya no se habla de colapso, sino de “riesgo”. Ya no se advierte sobre puntos de no retorno, sino de “zonas de presión”. Esta tendencia a suavizar el discurso científico, aunque entendible en contextos diplomáticos o de comunicación política, puede tener consecuencias muy graves. Hablar claro no es pesimismo: es una forma de responsabilidad.

Los límites planetarios: marco y advertencia

El concepto de límites planetarios fue propuesto en 2009 por el “Stockholm Resilience Centre” como una forma de definir el espacio operativo seguro para la humanidad. Se identificaron nueve procesos clave del sistema Tierra que no deberían ser alterados más allá de ciertos umbrales, para evitar cambios catastróficos y en muchos casos irreversibles en el tiempo humano. Subrayo esto, dado que en tiempo geológico esos límites, algunos casos se alteraron de forma tan crítica que provocaron extensiones masivas de especies, no obstante, con el paso del tiempo geológico (cientos de miles o millones de años), el sistema nuevamente se estabilizó, lo cual permitió el florecimiento de la vida.

El marco de límites planetarios ha evolucionado con el tiempo. Licenciado bajo la licencia CC BY-NC-ND 3.0 (Crédito: Azote para el Centro de Resiliencia de Estocolmo, Universidad de Estocolmo. Basado en Richardson et al. 2023, Steffen et al. 2015, y Rockström et al. 2009). Fuente: https://www.stockholmresilience.org/research/planetary-boundaries.html 

Estos nueve límites incluyen el cambio climático, la integridad de la biosfera (biodiversidad), los ciclos del nitrógeno y fósforo, el uso de agua dulce, el cambio de uso del suelo, la acidificación del océano, la capa de ozono, la carga atmosférica de aerosoles y la introducción de nuevas entidades como plásticos o químicos sintéticos.
Hoy, según la última revisión científica, al menos seis de estos nueve límites ya han sido sobrepasados, con uno más a muy cerca de pasar el umbral. Esto significa que el sistema planetario está funcionando fuera de condiciones seguras, lo cual aumenta enormemente la probabilidad de colapsos ecosistémicos y perturbaciones socioeconómicas a gran escala.

El océano: un amortiguador que empieza a fallar

Durante décadas, el océano ha actuado como un aliado invisible. Absorbe aproximadamente el 90% del exceso de calor generado por los gases de efecto invernadero y más del 30% del CO₂ emitido por las actividades humanas. Sin esta capacidad amortiguadora, el calentamiento global ya habría desencadenado transformaciones climáticas aún más extremas.

Sin embargo, esta función tiene un límite. La acidificación oceánica es uno de los signos más claros de que ese límite está cerca. A medida que el océano absorbe CO₂, disminuye su pH (se hace más ácido) y su capacidad de sostener la vida marina. 

La saturación de aragonito, esencial para la construcción de los esqueletos de los moluscos, corales y otros organismos calcificadores, se ha reducido a niveles preocupantes. El umbral planetario para este proceso está a punto de ser cruzado.

Además, hay señales de pérdida de oxígeno y alteraciones en la circulación termohalina (como la AMOC en el Atlántico Norte), lo que puede desestabilizar los patrones climáticos globales. 

El AMOC (“Atlantic Meridional Overturning Circulation”), es un componente crucial del sistema de circulación oceánica global. Desempeña un papel fundamental en la regulación del clima del planeta, especialmente en el Atlántico Norte. El AMOC transporta aguas cálidas desde los trópicos hacia el norte del Atlántico, donde se enfrían, se vuelven más densas y se hunden, formando un bucle que ayuda a mantener el clima templado en Europa y América del Norte.

Cambios en el AMOC pueden tener impactos significativos en el clima. Un debilitamiento o colapso del AMOC podría alterar patrones climáticos, causando inviernos más fríos en Europa, cambios en la distribución de las lluvias en África y América, y afectar los ecosistemas marinos.

A todo esto, se suma la sobrepesca y la contaminación, que agravan la situación. El océano, que había sido un amortiguador, podría convertirse en un amplificador del cambio climático.

Soluciones que no alcanzan

A pesar de la abundancia de evidencia científica, las soluciones predominantes en el debate ambiental global siguen siendo parciales y limitadas en su alcance. Acciones como cambiar la dieta, reducir el consumo de energía, proteger áreas silvestres, dejar de quemar hidrocarburos y gestionar mejor los recursos hídricos son pasos positivos y necesarios. Sin embargo, resultan claramente insuficientes frente a la magnitud de los desafíos actuales. Estas medidas no enfrentan problemas estructurales fundamentales, como el desorden territorial, la expansión urbana mal planificada ni el modelo económico basado en la extracción y explotación de recursos. Tampoco abordan con eficacia la gestión del riesgo climático, que requiere estrategias integrales y de largo plazo.

Además, existe una desconexión significativa entre el diagnóstico científico y la estrategia política. Muchos países del Sur global carecen de los recursos financieros, tecnológicos y institucionales necesarios para transitar rápidamente hacia un sistema energético basado en energías limpias y renovables. La realidad es que los hidrocarburos seguirán siendo una parte integral del sistema energético mundial durante al menos dos o tres décadas más. Ignorar esta situación o pretender una transición rápida sin reconocer sus implicaciones configura discursos vacíos que no reflejan la complejidad del escenario.

Es imprescindible desarrollar y promover alternativas que reconozcan esta realidad y propongan soluciones realistas y justificadas. Esto incluye diseñar mecanismos de compensación y transición justa, fomentar inversiones en tecnologías emergentes, apoyar la capacitación y el desarrollo de capacidades locales, y construir políticas que permitan una transición gradual y coherente con las condiciones sociales, económicas y medioambientales de cada país. Solo así podremos avanzar hacia un modelo de desarrollo más sostenible, inclusivo y resiliente, que no deje a ninguna comunidad atrás en este proceso de transformación global.

Una propuesta viable: el SISTEMA SALVETERRA

El SISTEMA SALVETIERRA® propone una solución estructural, escalable y fundamentada en la ciencia para abordar los desafíos ambientales y sociales actuales. Su enfoque principal es la planificación territorial precisa, denominada terrazonificación, que consiste en identificar con claridad las zonas destinadas a diferentes usos, con base en criterios ecológicos, geológicos y sociales. Esta metodología determina, con visión planetaria, qué áreas deben ser restauradas, cuáles pueden ser utilizadas para producción regenerativa y cuáles deben conservarse debido a riesgos ecológicos o geológicos, promoviendo así una gestión territorial equilibrada y sostenible.

El sistema incorpora el uso de inteligencia artificial para acelerar y optimizar el proceso de análisis y toma de decisiones, permitiendo que estas sean informadas y precisas a escala local. Esto facilita una planificación territorial más efectiva y adaptable a las condiciones específicas de cada región, asegurando que las intervenciones sean coherentes y sostenibles.

Además, el SISTEMA SALVETIERRA® propone un modelo económico regenerativo que involucra a millones de personas en actividades de restauración ecológica. Estima que, por cada diez hectáreas restauradas, puede generarse un empleo rural formal, promoviendo así el desarrollo económico local en comunidades vulnerables. Este enfoque no solo contribuye a la captura de carbono y a la recuperación de la biodiversidad, sino que también ayuda a frenar la migración forzada, especialmente en regiones donde los efectos del cambio climático, la degradación ambiental y la falta de oportunidades agravan las condiciones de pobreza y desplazamiento.

En conjunto, el SISTEMA SALVETIERRA® busca consolidar un modelo de desarrollo que armonice la conservación del entorno natural con la generación de empleo y bienestar social, promoviendo la resiliencia ecológica y económica a largo plazo en distintas comunidades y territorios.

El efecto acumulativo: lo que nos acerca al colapso

Cada límite planetario que se transgrede no actúa de manera aislada; en realidad, debilita el sistema global en su conjunto. Los nueve procesos que conforman los límites planetarios están profundamente interconectados, formando una red compleja donde la perturbación en uno puede desencadenar efectos en otros. Cuando múltiples límites se cruzan simultáneamente, el efecto acumulativo puede empujar al sistema Tierra hacia una nueva fase, caracterizada por un clima más cálido, mayor inestabilidad y unas condiciones mucho más inhóspitas para la vida tal como la conocemos.

El concepto de punto de no retorno global e integral no es solo una metáfora: representa una posibilidad concreta y peligrosa. La irreversibilidad de ciertos procesos ambientales puede desencadenar un ciclo de retroalimentación que acelere el deterioro planetario. Por ejemplo, si los bosques tropicales colapsan, su capacidad de absorber CO₂ se reduce drásticamente, acelerando el cambio climático. La pérdida de los permafrost en las regiones polares, por su parte, implica la liberación masiva de metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono. La posible debilidad de la circulación oceánica de Atlántico, conocida como AMOC, alteraría los patrones de lluvia en vastas regiones, afectando los sistemas agrícolas y la seguridad alimentaria global.

Todo este entramado de procesos está interrelacionado y, en conjunto, incrementa la vulnerabilidad del sistema Tierra. La acumulación de impactos y la pérdida de resiliencia pueden desencadenar un punto de inflexión donde evitar un cambio irreversible se vuelva cada vez más difícil, poniendo en riesgo la habitabilidad futura del planeta o, de grandes territorios de este. Por eso, entender y actuar sobre estos límites es crucial para prevenir un colapso ambiental que afectaría a toda la humanidad y a todas las especies con las que compartimos la Tierra.

Actuar desde lo local hacia lo global

La única manera de prevenir un posible colapso ambiental es comenzar a actuar desde los territorios más cercanos a nuestra realidad cotidiana. Es desde los municipios, cantones y provincias (gobiernos locales) donde se toman decisiones fundamentales acerca del uso del suelo, la gestión del agua, el consumo de energía y la gestión de residuos. Estas decisiones tienen un impacto directo en la salud del ecosistema global, ya que los cambios a nivel local pueden generar efectos acumulativos y positivos a gran escala.

El SISTEMA SALVETIERRA® ofrece una herramienta concreta y efectiva para facilitar esta acción descentralizada, combinando una visión global con estrategias de intervención a nivel local. Al proporcionar mapas de zonificación precisa, tecnologías de inteligencia artificial y modelos regenerativos, permite a las comunidades diseñar y ejecutar planes de restauración y desarrollo territorial sostenibles, con impacto positivo en el clima, la biodiversidad y el bienestar social.

Iniciativas de esta naturaleza refuerzan la necesidad de una gobernanza ambiental que empodere a las comunidades y municipios, promoviendo una gestión responsable de los recursos y un desarrollo territorial que respete los límites ecológicos. Solo así, con acciones decididas y coordinadas desde lo local, podremos construir un futuro más sostenible y resiliente a nivel global.

Hablar claro: una forma de cuidado

Evitar un lenguaje claro por miedo a incomodar es hoy una verdadera irresponsabilidad. Cuando la ciencia no comunica con precisión y sencillez, otros llenan ese vacío con negacionismo, desinformación y discursos peligrosos que dificultan la acción colectiva. La claridad en la comunicación no busca alarmar, sino ofrecer información veraz y comprensible que permita a las personas tomar decisiones fundamentadas y actuar con urgencia.

Hablar claro es, en sí mismo, una forma de cuidado hacia las comunidades y el planeta. Es promover una cultura de conciencia y responsabilidad, en la que cada uno pueda entender los desafíos y las respuestas posibles. También lo es proponer soluciones concretas y accesibles, como el SISTEMA SALVETIERRA®, que combina ciencia, tecnología y gestión territorial para facilitar acciones positivas y efectivas.

En un contexto de crisis global ambiental, la transparencia y la sencillez en la comunicación son herramientas imprescindibles para movilizar a la sociedad, construir consenso y generar un cambio real y duradero. Solo a través de un diálogo claro y honesto podremos avanzar hacia una ciudadanía informada y comprometida con el cuidado del planeta.

(*) Dr. Allan Astorga Gättgens (09 junio del 2025) con interacción con CHATGPT y Chatbot App.

11
May
¿Por qué los negacionistas tienen una parte de razón?

By: Allan Astorga Gättgens

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¿Por qué los negacionistas tienen una parte de razón?

Negar, ¿por qué?

El término “negacionista” suele usarse con tono despectivo para referirse a quienes rechazan la
existencia del cambio climático o su origen humano. Desde la pandemia, estas voces se han
multiplicado y fortalecido. Ya no son solo ciudadanos escépticos: hoy hay líderes mundiales que lo
niegan abiertamente, como Donald Trump y Javier Milei. Por eso, vale la pena preguntarse: ¿por qué
su discurso ha calado tan fuerte?

Treinta años de promesas

Este 2025 se celebrará la COP número 30. Es decir, llevamos al menos tres décadas hablando del
tema, invirtiendo miles de millones de dólares en instituciones, diagnósticos, campañas y
conferencias internacionales. ¿Y qué ha pasado?
La atmósfera está más cargada de gases de efecto invernadero que nunca. El metano y el dióxido de
carbono siguen en aumento. La temperatura global continúa rompiendo récords. Y mientras tanto,
las grandes metas internacionales —como las del Acuerdo de París— apuntan hacia finales de este
siglo, cuando el agotamiento de combustibles fósiles hará inevitable la descarbonización… por
necesidad, no por decisión.

Una crisis que no se ve

Para el ciudadano común, la supuesta “crisis” no parece tan real. El aire es respirable, el agua corre
por los grifos, hay comida en los supermercados y el mar sigue produciendo peces.
¿Dónde está la emergencia? ¿Por qué cambiar mi vida por algo que no percibo?
A esto se suma que muchas señales del cambio climático —como olas de calor, lluvias intensas o
sequías— pueden ser interpretadas de distintas formas, incluso como eventos naturales dentro de
la variabilidad histórica. La ambigüedad del mensaje genera más confusión que conciencia.

Una burocracia estancada

Parte del problema es que la estructura creada para enfrentar esta crisis se ha convertido en una
maquinaria pesada y lenta. Organismos internacionales, ministerios, agencias, planes nacionales, consultorías, diagnósticos… y más diagnósticos. Millones de dólares invertidos y pocos cambios
reales.

Muchos expertos se jubilan tras años de participación en la lucha climática sin haber logrado
resultados tangibles. Sus puestos son ocupados por nuevas generaciones que repiten los mismos
caminos, atrapadas en el mismo ciclo.

COP: la cumbre del estancamiento

Las conferencias climáticas (COP) se han convertido en escenarios de reclamos cruzados: los países
pobres exigen compensaciones, los ricos se defienden o posponen. Pero rara vez se discuten
soluciones reales.

Y mientras tanto, la ONU enciende todas las alarmas sobre la crisis, pero responde con planes y
hojas de ruta que se proyectan a 20, 30 o 50 años. ¿Se puede pedir confianza si las acciones no
corresponden a la urgencia?

¿Y si nos estamos autoengañando?

La verdad incómoda es que, desde fuera, parece que el mundo está atrapado en una gran simulación
de lucha contra el cambio climático.

Un teatro de informes, cumbres y promesas que no logra frenar la crisis, ni siquiera explicarla bien a
la población. Por eso, aunque el negacionismo no sea correcto desde el punto de vista científico, su
crecimiento es comprensible: refleja la desconfianza en un sistema que ha fallado.

El concepto de cambio climático, en algunos casos, ha sido prostituido por ciertos políticos y actores
que buscan obtener beneficios, incluso económicos, al levantar esa bandera. Esto provoca decepción
y sensación de manipulación entre la gente común. Por eso, a veces, lo que plantean los
negacionistas resulta útil, en tanto logra llamar la atención y empuja a reflexionar sobre la certeza o
incertidumbre del fenómeno y sus consecuencias.

Desequilibrio de la ecosfera terrestre

La verdadera crisis que afecta al planeta es el desequilibrio de la ecosfera terrestre, tanto en los
continentes como en los océanos. Los indicadores del estado de salud de la Tierra —los llamados
límites planetarios— son nueve, y el cambio climático (la temperatura global) es apenas uno de
ellos. Al momento de escribir este artículo (mayo de 2025), siete de esos nueve límites están en
estado de alteración.

El problema, por tanto, es mucho mayor que solo el clima: abarca la degradación de los suelos, la
pérdida de bosques y ecosistemas, la reducción acelerada de la biodiversidad terrestre y marina, y
la contaminación de los suelos, aguas y atmósfera, especialmente en las grandes ciudades.
Este desequilibrio ha sido provocado por la actividad humana de los últimos 225 años: desde el uso
intensivo de combustibles fósiles, el empleo masivo de agroquímicos, la deforestación de millones de hectáreas cada año, la pesca industrial a gran escala, hasta la generación descontrolada de
residuos y emisiones contaminantes.

La resiliencia de la ecosfera terrestre —su capacidad para restaurarse más rápido de lo que se
degrada— está llegando a su límite. Nos estamos acercando a un punto de no retorno global, a partir
del cual el deterioro será más rápido que la capacidad de regeneración natural.
Bajo esas circunstancias, la situación cambiará radicalmente para la humanidad, con consecuencias
potencialmente devastadoras.

La realidad objetiva nos dice que debemos actuar ya. No solo para mitigar y ralentizar los efectos del
cambio climático, sino para detener la degradación sistémica de la ecosfera y promover su
restauración.

Esto es posible, pero requiere consensos globales, especialmente entre los grandes líderes del
mundo, incluidos aquellos que hoy niegan el cambio climático. El verdadero desafío no es
convencerlos sobre un solo fenómeno, sino sobre la necesidad de restaurar el equilibrio del planeta
Tierra.

Seguir por el mismo camino equivale a seguir perdiendo tiempo valioso. Por eso, los negacionistas,
aunque se equivoquen en el diagnóstico, tienen una parte de razón en su crítica al sistema.

SISTEMA SALVETERRA: de la crítica a la acción

En SALVETERRA creemos que es hora de cambiar el enfoque. La humanidad no necesita más
diagnósticos, sino soluciones.

El SISTEMA SALVETERRA propone una planificación territorial con visión planetaria, enfocada en la
regeneración de ecosistemas tropicales, la restauración de suelos, la captura acelerada de carbono y
la creación de economías locales sustentables.
Es una herramienta concreta, basada en ciencia, que actúa desde lo local, pero con impacto global.
Porque el equilibrio de la Tierra no se logrará en los auditorios internacionales, sino en los
territorios donde se transforma la realidad.

Una llamada a despertar

No se trata de negar la crisis, ni de perpetuar el discurso del miedo. Se trata de ofrecer alternativas
reales, medibles, replicables. Es hora de demostrar que hay otra forma de vivir, de producir y de
habitar el planeta. Es hora de dejar de esperar que las soluciones vengan de arriba. Es hora de
actuar. Y si los negacionistas tienen una parte de razón, que sea solo para recordarnos que ya no
basta con creer. Hay que hacer.

Los invitamos a visitar la propuesta del SISTEMA SALVETERRA® en www.salveterra.info.

14
Mar
Camino Planeta: vamos en el sentido equivocado

By: Allan Astorga Gättgens

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Camino Planeta: vamos en el sentido equivocado

Dr. Allan Astorga Gättgens(*)

Vivimos en un momento crítico de la historia de la humanidad, un punto de inflexión en el que nuestras decisiones determinarán no solo el futuro del planeta, sino nuestra propia supervivencia. Desde hace décadas, la comunidad científica ha advertido sobre los efectos de la crisis climática y la degradación ambiental. Sin embargo, nuestra civilización sigue avanzando en la dirección equivocada, ignorando las señales de alarma y gestionando sus actividades de manera opuesta a lo que se necesita para restaurar el equilibrio de la ecosfera terrestre.

Este comportamiento no es nuevo. La humanidad, salvo contadas excepciones, ha sido históricamente una fuerza depredadora de su entorno. Sin embargo, hasta el año 1800 d.C., el impacto acumulado de nuestras actividades era relativamente bajo. Fue con la llegada de la Revolución Industrial cuando la situación cambió drásticamente. Desde entonces, el daño ambiental se ha acelerado de manera exponencial, en paralelo con el crecimiento de la población humana y la expansión descontrolada de nuestras actividades económicas.

Hoy, el daño ambiental es ubicuo: afecta no solo los ecosistemas terrestres, sino también los océanos, las capas de hielo y la atmósfera. Durante las últimas cuatro décadas, este impacto se ha intensificado a niveles sin precedentes. Todos hemos sido testigos de estos cambios: el aumento de temperaturas extremas, la intensificación de los desastres naturales, la desertificación de vastas regiones y la disminución alarmante de la biodiversidad. Y lo más preocupante es que, aunque sabemos lo que está ocurriendo, seguimos sin tomar medidas efectivas.

Un planeta enfermo y un sistema que lo ignora: lo novedoso de la situación actual es que nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información sobre el estado del planeta. Gracias a los avances en tecnología satelital, inteligencia artificial y modelos científicos, hoy podemos monitorear con precisión los signos vitales de la Tierra. Instituciones como la NASA, la Agencia Espacial Europea y centros de investigación como el Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático han recopilado datos contundentes:

  • Ocho de los nueve límites planetarios han sido sobrepasados, poniendo en riesgo la estabilidad de los sistemas que sostienen la vida en la Tierra.
  • La concentración de CO₂ en la atmósfera es la más alta en los últimos 800,000 años.
  • Los océanos están perdiendo oxígeno, lo que amenaza la biodiversidad marina y la seguridad alimentaria de millones de personas.
  • Las temperaturas globales han aumentado más de 1,2 °C desde la era preindustrial, acercándonos peligrosamente al umbral de los 1,5 °C que desencadenaría cambios irreversibles. El año 2024 fue el más caliente y se alcanzaron los 1,5°C, algo que parece que va a prevalecer.

En otras palabras, nuestro planeta está gravemente enfermo. Hemos alterado el equilibrio ecológico de tal manera que nos acercamos rápidamente a un punto de no retorno, un colapso ambiental que amenaza la continuidad de nuestra civilización tal como la conocemos.

La paradoja del gasto militar vs. la inversión en salvar el planeta: en este contexto, resulta alarmante observar las prioridades de los gobiernos y las grandes potencias económicas. La Unión Europea, que alberga algunos de los científicos más prestigiosos del mundo y cuenta con una fuerte tradición ambientalista, está decidiendo destinar 800 mil millones de euros en fortalecer su capacidad militar.

¿Cómo es posible que, en plena crisis climática, las naciones más desarrolladas decidan invertir semejantes recursos en armamento en lugar de destinarlos a la restauración del planeta? Lo que se requiere es disminuir, al menos, los presupuestos militares de USA, Rusia y China, a la mitad, como ha sugerido el Presidente Trump, recientemente.

Esta decisión es un reflejo de la desconexión entre los modelos económicos y políticos actuales y la realidad ecológica de la Tierra. Mientras el planeta colapsa, muchos líderes mundiales continúan atrapados en dinámicas de poder, conflictos geopolíticos y crecimiento económico insostenible.

Pero aquí está la paradoja más inquietante: 800 mil millones de euros es la cantidad exacta que se necesita para implementar una acción global efectiva que ralentice el punto de no retorno.

La alternativa: el SISTEMA SALVETERRA®: ante la falta de respuestas contundentes por parte de los gobiernos, la humanidad necesita soluciones alternativas que sean factibles, escalables y de impacto global. Una de ellas es el SISTEMA SALVETERRA®, una iniciativa que busca restaurar el equilibrio de la ecosfera terrestre a través de una estrategia integral basada en:

  • La regeneración de cientos de millones de hectáreas de bosques tropicales para capturar carbono, restaurar suelos y recuperar ecosistemas degradados.
  • El reordenamiento territorial para planificar el desarrollo humano de manera sustentable y evitar la destrucción de áreas clave para la estabilidad climática.
  • La conversión de los seres humanos en guardianes del planeta, en lugar de sus destructores, generando millones de empleos en las regiones tropicales más afectadas por la pobreza y la crisis climática.
  • La protección y restauración de los océanos, incluyendo arrecifes de coral y ecosistemas marinos esenciales, para recuperar la biomasa marina a niveles sostenibles.
  • El impulso de una economía sustentable, basada en la regeneración de la naturaleza y el uso inteligente de los recursos, en lugar de su explotación indiscriminada.

Si los gobiernos del mundo están dispuestos a gastar billones de dólares en armamento, ¿por qué no pueden invertir esos recursos en salvar el único planeta habitable que tenemos?

La respuesta no es solo una cuestión política, sino también de conciencia colectiva. La sociedad civil debe exigir que los recursos se dirijan a lo que realmente importa: garantizar el equilibrio de la Tierra para las futuras generaciones.

El tiempo se agota: el SISTEMA SALVETERRA® ofrece una hoja de ruta viable para enfrentar la crisis ecológica de manera estructurada y efectiva. No se trata de un sueño utópico, sino de una estrategia basada en ciencia, planificación territorial y economía regenerativa.

Pero para que esta propuesta se convierta en realidad, necesitamos que más personas se sumen al movimiento. No podemos permitir que el mundo continúe ignorando la emergencia climática mientras se gasta dinero en armas en lugar de soluciones.

El momento de actuar es ahora. Para conocer más sobre cómo podemos restaurar el equilibrio del planeta, te invitamos a visitar www.salveterra.info.

El planeta no necesita más discursos vacíos ni falsas promesas. Necesita acciones concretas y urgentes. Depende de nosotros decidir si queremos seguir el camino de la destrucción o el de la regeneración.

(*) a.astorga.g@gmail.com; www.allan-astorga.com; www.salveterra.info 

24
Nov
Problemas humanos vrs problemas planetarios

By: Allan Astorga Gättgens

Humanos Planeta Tierra

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Dando seguimiento a los temas discutidos en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad 2024 (21 de octubre al 01 de noviembre del 2024) en Cali, Colombia, se hace indispensable hacer un repaso de las prioridades de los problemas que, como humanidad, tenemos la responsabilidad de atender.

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03
Ago
El Cuaternario y el cambio climático: lecciones y tendencias

By: Allan Astorga Gättgens

Cambio Climático Clima

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Los efectos del cambio climático son cada vez más notables. Las anomalías del tiempo y del clima se notan cada vez más, independientemente de los biozonas terrestres o marinas en que nos encontremos.  Cada año, en las latitudes altas, el verano es más caluroso y el invierno más frío, mientras que la primavera y el otoño son diferentes, pues se parecen más al verano o al invierno.

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07
Jul
Un solo planeta Tierra, una sola acción global (¿hasta cuándo?)

By: Allan Astorga Gättgens

Planeta Tierra

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El pasado 17 de junio del 2024, la Unión Europea (UE) aprobó la Ley de Restauración de la Naturaleza. Forma parte de las iniciativas del denominado Pacto Verde Europeo, cuyo objetivo es alcanzar (para la UE) la neutralidad climática con meta del 2050. Aunque no negamos que este avance de la UE es muy importante en la lucha por recuperar el equilibrio de la Ecosfera Terrestre, no queda de otra que ubicarnos en la perspectiva global y señalar que, pese a lo relevante de acto, no es suficiente para el gran reto que debemos enfrentar como habitantes del planeta Tierra. Es vital ubicar cada acción en perspectiva y visión global, para no caer en el autoengaño de que “ya todo se está solucionando”, cuando la verdad, es que no es así.

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"Accion para restaurar el planeta y proteger nuestro futuro"

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