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08
Sep

By: Allan Astorga Gättgens

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De los impactos locales a la Acción Global: la urgencia de revertir el daño planetario

La fotografía tomada por el autor en septiembre de 2025 en San Ramón de Tres Ríos, Cartago, Costa Rica, sirve como un punto de partida para reflexionar sobre la manera en que los impactos locales, aparentemente pequeños, se acumulan y generan una crisis planetaria de enormes proporciones. Este artículo busca mostrar cómo lo local y lo global están profundamente interconectados, y por qué es urgente cambiar nuestra forma de planificar y relacionarnos con la naturaleza.

1. Un ejemplo local: San Ramón de Tres Ríos

En la fotografía se observa un terreno en una zona montañosa, en las laderas del volcán Irazú, cuyo suelo fértil está compuesto por cenizas volcánicas meteorizadas. Hasta hace poco, el área correspondía a un potrero con árboles dispersos. Sin embargo, el terreno fue intervenido: se realizó un corte para abrir acceso a una terraza, se tractoreó la superficie, se taló un árbol sano y de gran tamaño, y se eliminó la vegetación circundante. 

La intervención dejó taludes con pendientes pronunciadas, que aumentan el riesgo de erosión, y el suelo quedó expuesto, lo que facilita su deslave y la generación de aguas cargadas de sedimentos. Se trata de un cambio de uso del suelo con una planificación inadecuada, que en apariencia podría considerarse menor, pero que en realidad ejemplifica un patrón repetido miles de veces en el país. 

Lo más grave es que, debido a regulaciones de impacto ambiental implementadas en Costa Rica desde 2023, los proyectos en terrenos de menos de mil metros cuadrados ya no requieren una Evaluación de Impacto Ambiental. Así, este tipo de obras (casi el 95 % del total del país) se aprueban solo con permisos municipales y trámites en el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos, sin control ambiental alguno. Aunque pueda parecer pequeño, este caso refleja una contradicción: en un país con fama mundial de liderazgo ambiental, se flexibilizaron las regulaciones y se abrió la puerta a miles de proyectos similares cada año.

2. El efecto acumulativo

Uno de los errores más comunes es minimizar los impactos locales porque parecen insignificantes. La lógica suele ser: ‘es solo un terreno’, ‘es solo una tala pequeña’. Sin embargo, el efecto acumulativo de miles de proyectos como este es enorme. 

Si observamos únicamente 2025, ya existen miles de casos similares. Si miramos hacia atrás, en 2024 fueron otros tantos, y en 2023 también. A nivel global, hablamos de millones de intervenciones locales acumuladas año tras año. El factor tiempo amplifica el problema: lo que hoy parece pequeño se convierte en una cadena interminable de daños acumulativos.

Además, el ser humano es prácticamente ubicuo: está presente en todos los continentes. Incluso en la Antártida ya existe actividad humana, aunque aún no tan dañina como en el resto del planeta. Por lo tanto, los impactos puntuales ocurren en todas partes, multiplicando sus efectos en la ecosfera terrestre.

El efecto acumulativo representa la suma de todos esos impactos locales e individuales que parecen pequeños e insignificantes, pero que en conjunto son muy dañinos. Y no solo en un momento dado, sino en la suma acumulada del tiempo de muchos años, décadas y siglos.

3. Los impactos puntuales

Cada intervención puntual genera múltiples impactos al mismo tiempo. En primer lugar, ocurre el cambio de uso del suelo, que casi nunca está guiado por criterios de planificación. A ello se suma la eliminación de la vegetación, que significa pérdida flora y de hábitat para la fauna. Luego viene la impermeabilización del terreno, que aumenta la escorrentía superficial, reduce la recarga acuífera que sostiene las aguas subterráneas y potencia amenazas como inundaciones y erosión. 

Aunque el ejemplo de la fotografía posiblemente corresponde a una vivienda, en muchos otros casos se trata de industrias, campos de cultivo, actividades mineras o proyectos de infraestructura. Todos ellos producen efectos locales de gran magnitud, generalmente sin planificación ni control ambiental.

El problema no termina con la construcción. Una vez en operación, incluso una casa común genera impactos: uso de solventes, pinturas, hidrocarburos. Basta un litro de gasolina derramado para contaminar hasta 3.700 metros cúbicos de agua (superficial o subterránea). Lo mismo ocurre con el uso de agroquímicos en cultivos, o con industrias que operan plantas de tratamiento deficientes y vierten contaminantes en ríos o al aire. En muchos países, especialmente en desarrollo, el control ambiental es débil o corrupto, lo que agrava la situación.

Así, los impactos puntuales, multiplicados por miles de casos, se convierten en un factor clave en la crisis ambiental global.

4. La percepción social del impacto

La sociedad suele tener una percepción contradictoria. Todos deseamos un planeta limpio y sano, pero rara vez aceptamos que nuestras propias acciones cotidianas forman parte del problema. Se normaliza la idea de que un pequeño daño no importa: ‘es solo una bolsa más’, ‘es solo un poco de pintura’, ‘es solo una hectárea’. Esta minimización invisibiliza la verdadera magnitud de los impactos acumulativos.

Además, existe la creencia de que las acciones individuales no tienen relevancia. Esa lógica también se repite a nivel institucional y gubernamental: ‘si yo no actúo, otros lo harán’. Como resultado, se posterga la acción colectiva que podría revertir la tendencia. 

Por eso, no basta con reciclar, ahorrar agua o apagar luces. Estas acciones ayudan, pero el desafío es mucho mayor. Se requiere un cambio cultural y ético profundo, donde cada persona, cada comunidad y cada gobierno comprendan que lo local también es determinante para revertir la crisis global.

5. La visión global y los límites planetarios

Los impactos locales acumulados han llevado al planeta a transgredir varios de los límites planetarios. Ya hemos sobrepasado umbrales críticos en el cambio climático, la biodiversidad, los ciclos de nitrógeno y fósforo, la contaminación química y el uso del suelo. Otros límites, como la acidificación de los océanos y la disponibilidad de agua dulce, están peligrosamente cerca. 

Cada límite representa un punto de no retorno individual, donde los ecosistemas cambian de manera irreversible. Pero la amenaza mayor es alcanzar un punto de no retorno integral, cuando la suma de estas transgresiones desestabilice todo el sistema de la ecosfera terrestre. 

El tiempo es crítico: la ventana de acción se está cerrando en esta misma década. Cada año sin cambios profundos nos acerca más a la irreversibilidad. Sin embargo, hay una salida: revertir los impactos locales mediante acciones locales, replicadas y multiplicadas a escala global.

6. Actualización de datos planetarios 

La revisión de los datos estadísticos mundiales nos da el siguiente panorama para las 18 horas del 06 se septiembre del 2025, en lo que llevamos de este año:

  • Población mundial: 8 mil 245 millones personas.
  • Pérdida de bosques: 3 millones 543 mil  hectáreas.
  • Tierras perdidas por erosión: 4 millones 771 mil hectáreas.
  • Emisiones de CO2: 27 mil 56 millones de toneladas.
  • Desertificación: 8 millones 177 mil hectáreas.
  • Sustancias químicas toxicas liberadas: 6 millones 673 mil toneladas.
  • Personas subalimentadas: 890 millones.
  • Personas que murieron de hambre hoy: 22 717.
  • Muertes producidas por el agua contaminada (este año): 573 818.
  • Petróleo extraído hoy: 71 millones 237 mil barriles.

Algunos de esos indicadores se incrementan año con año y son un recordatorio de que, a pesar de los esfuerzos realizados hasta ahora, todavía el proceso de deterioro de la ecosfera terrestre continúa.

7. La urgencia de actuar y la propuesta de SALVETERRA

Después de tres décadas de negociaciones internacionales, la evidencia es clara: los esfuerzos no han sido suficientes. La próxima COP 30 en Belém, Brasil, es un símbolo de esta trayectoria: 30 años de reuniones, pero los indicadores ambientales siguen empeorando. No hemos logrado aplanar la curva del deterioro, como por ejemplo la del CO2 en la atmósfera.

Esto es grave porque cada año perdido nos acerca más a un punto de no retorno integral, con consecuencias dramáticas para las personas, las economías y la estabilidad global. 

La solución pasa por cambiar el enfoque: de lo global a lo local. No se trata solo de firmar acuerdos, sino de aplicar acciones concretas en cada territorio de cada uno de los 10 mil gobiernos locales que hay en el planeta, con planificación y ordenamiento real. Ahí surge la propuesta del SISTEMA SALVETERRA®: una metodología de terrazonificación con visión planetaria que permite reordenar los territorios de manera sostenible, usando algoritmos que armonizan el desarrollo humano con la naturaleza.

El SISTEMA SALVETERRA® busca transformar lo local para impactar lo global. No se trata de renunciar al progreso humano, sino de replantearlo de manera sustentable. Por eso, nuestra voz estará presente en la COP 30: queremos mostrar a los delegados y tomadores de decisión que aún estamos a tiempo de revertir la situación, si cambiamos el rumbo ahora. 

Todos y cada uno nosotros podemos ser parte de la solución.

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