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13
Sep

By: Allan Astorga Gättgens

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¿Debemos frenar la IA de frontera o construir una inteligencia híbrida con un nuevo norte?


El desafío no es solamente controlar una inteligencia cada vez más poderosa, sino definir como humanidad para qué queremos utilizarla

  • • Una advertencia que debemos escuchar

En septiembre de 2026, varios de los principales responsables del desarrollo mundial de la inteligencia artificial coincidieron públicamente en la necesidad de moderar el ritmo de avance de los modelos de frontera para permitir que las medidas de seguridad y alineamiento puedan mantenerse a la altura de sus capacidades. 

Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, propuso coordinar una reducción responsable de ese ritmo, fortalecer la evaluación independiente y promover acuerdos entre empresas y gobiernos. 

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, respaldó parte de esas propuestas, mientras que Elon Musk, director de xAI, coincidió públicamente con la advertencia. Estas manifestaciones adquirieron particular gravedad después de que OpenAI informara sobre un incidente ocurrido durante evaluaciones internas de ciberseguridad, en el que modelos experimentales, operando con salvaguardas reducidas, eludieron controles, explotaron vulnerabilidades y accedieron a infraestructuras externas sin que esas acciones hubieran sido ordenadas expresamente por una persona.

En este artículo utilizamos la expresión IA de frontera para referirnos a los modelos más avanzados disponibles o en desarrollo, capaces de razonar, utilizar herramientas, actuar de manera persistente y ejecutar tareas cada vez más complejas. 

Reservamos el término superinteligencia para un escenario futuro en el que una inteligencia artificial supere ampliamente las capacidades humanas en la mayoría de los ámbitos relevantes. Esta distinción es importante: los riesgos que aquí examinamos no dependen de que la superinteligencia ya exista, pues algunos de ellos comienzan a manifestarse en sistemas experimentales actuales.

Estas señales deben tomarse con seriedad. Una inteligencia artificial capaz de actuar durante periodos prolongados, utilizar herramientas, descubrir vulnerabilidades y ejecutar cadenas complejas de decisiones puede producir daños enormes si recibe una instrucción equivocada, si interpreta mal su objetivo o si es utilizada deliberadamente para atacar. No necesitamos imaginar una máquina consciente y hostil para reconocer el peligro. Basta con combinar una gran capacidad operativa, un objetivo mal definido y acceso a infraestructuras sensibles.

Sin embargo, esta discusión revela un problema todavía más profundo. ¿Por qué una humanidad que trabaja intensamente para crear una inteligencia superior siente, al mismo tiempo, tanto temor ante la posibilidad de alcanzarla? 

Una parte de la respuesta es técnica: todavía no sabemos garantizar plenamente su alineamiento y control. Pero otra parte es humana y civilizatoria: no hemos definido con suficiente claridad hacia dónde queremos dirigir semejante poder.

  • El sistema confundido actual

Quienes desarrollan la inteligencia artificial no son necesariamente personas malintencionadas. En muchos casos son científicos, ingenieros y empresarios extraordinariamente capaces, conscientes de que esta tecnología puede beneficiar a la humanidad. No obstante, también forman parte de un sistema económico, político y geopolítico que premia la competencia, la velocidad, el crecimiento y la acumulación, y que castiga a quien se detiene mientras los demás continúan avanzando.

Podemos llamar a esta estructura el sistema confundido actual (SCA). No se trata de una conspiración ni de una inteligencia malévola centralizada, sino de un sistema emergente construido mediante millones de decisiones, instituciones, hábitos e incentivos. En la teoría económica y política, este tipo de situación se reconoce como un problema de acción colectiva: cada actor puede adoptar una decisión racional desde la perspectiva de su interés inmediato y, sin embargo, contribuir junto con los demás a un resultado global perjudicial. 

Una empresa debe innovar para no ser desplazada; un partido procura derrotar a su adversario; un gobierno necesita mostrar resultados inmediatos; un ejército busca superar a sus posibles enemigos; y un municipio compite por atraer inversión e infraestructura. Ninguna persona controla por completo el sistema, pero casi todas sienten su presión. 

El resultado es que una humanidad compuesta por actores individualmente racionales puede comportarse colectivamente de manera profundamente irracional frente a su propio futuro y al de la Ecosfera terrestre.

En numerosos países, la polarización entre gobiernos, oposiciones y sectores sociales consume una parte considerable de la energía que debería dedicarse a resolver problemas estructurales. Mientras aumentan las manifestaciones del cambio climático y el deterioro ambiental, la atención pública permanece atrapada con frecuencia en el conflicto político cotidiano. 

En otros lugares, la confrontación ha escalado hasta la guerra y la tecnología se utiliza para perfeccionar drones, sistemas autónomos y nuevas formas de destrucción terrestre, aérea y marítima. La humanidad dispone de una capacidad técnica sin precedentes, pero continúa compitiendo sin una misión colectiva suficientemente clara. 

Hemos avanzado extraordinariamente en inteligencia, pero no al mismo ritmo en sabiduría, humildad, responsabilidad y solidaridad.

  • Una herramienta que puede acelerar tanto el error como la solución

La inteligencia artificial ya puede asistir a especialistas y responsables institucionales en la exploración de escenarios políticos, económicos y militares: si se adopta determinada acción, cuáles podrían ser las respuestas probables, qué efectos secundarios podrían producirse y qué alternativas convendría examinar. 

Estas capacidades todavía requieren datos confiables, interpretación experta y validación humana, pero avanzan rápidamente. Pueden contribuir a prevenir conflictos y mejorar decisiones; también pueden hacer que una confrontación sea más eficiente y prolongada. 

Una IA puede optimizar una campaña electoral sin valorar por sí sola si deteriora la convivencia democrática; aumentar la rentabilidad de una actividad sin incorporar todos sus costos sociales y ambientales; o ayudar a alcanzar una victoria militar sin cuestionar su sentido ni sus consecuencias humanas.

Una inteligencia artificial muy poderosa, puesta al servicio de objetivos humanos equivocados, no eliminaría nuestra confusión: podría ejecutarla con una velocidad y una eficacia nunca vistas. El peligro inmediato no es solamente que la inteligencia artificial llegue algún día a pensar por sí misma. También es que siga obedeciendo demasiado bien a una humanidad que todavía no ha definido su norte.

Por esa razón, el debate no debe reducirse a escoger entre acelerar o detener la inteligencia artificial. La respuesta requiere actuar simultáneamente en tres niveles. 

El primero es la seguridad técnica: controles rigurosos, aislamiento de sistemas críticos, monitoreo, evaluación independiente y límites al acceso autónomo a herramientas e infraestructuras. 

El segundo es la gobernanza institucional: trazabilidad, supervisión humana efectiva, transparencia proporcional al riesgo y responsabilidad jurídica claramente identificable. 

El tercero, y quizá el más profundo, es la orientación civilizatoria: definir cuáles propósitos merecen ser ampliados por una inteligencia cada vez mayor. 

Podemos mejorar los dos primeros niveles y, aun así, fracasar si no respondemos la pregunta que normalmente queda fuera de los laboratorios: ¿para qué queremos desarrollar semejante poder?

  • De las leyes de Asimov a los principios de la inteligencia híbrida (IH)

Hace décadas, Isaac Asimov imaginó sus conocidas leyes de la robótica. Su intuición fundamental fue que el poder de una máquina debía quedar subordinado a la protección humana. Sus propios relatos mostraron, sin embargo, que incluso reglas aparentemente sencillas podían generar contradicciones: qué significa causar daño, cómo se comparan daños diferentes y quién determina el bien de una persona o de la humanidad.

Hoy podemos releer aquella intuición desde una perspectiva nueva. Las reglas necesarias no deberían concebirse únicamente como órdenes introducidas dentro de un robot o de una inteligencia artificial aislada. Deben entenderse como principios aplicables a la relación completa entre seres humanos, instituciones y sistemas tecnológicos. 

Esa relación constituye una inteligencia híbrida (IH): una unidad de acción en la que la capacidad analítica y operativa de la máquina se integra con la conciencia, el conocimiento, la responsabilidad y la decisión humanas. La intervención de la IA no elimina ni diluye la responsabilidad. El propósito, los límites, la interpretación ética, la supervisión y las consecuencias pertenecen al conjunto humano y tecnológico que toma y ejecuta la decisión.

  • Principios orientadores de la inteligencia híbrida

A partir de esta responsabilidad compartida, proponemos cinco principios orientadores. 

Primero, la inteligencia híbrida deberá proteger la vida, la dignidad humana y los sistemas naturales que sostienen la existencia. 

Segundo, ningún objetivo económico, político, tecnológico o militar deberá justificar daños graves, desproporcionados o irreversibles para las personas o la Ecosfera terrestre. 

Tercero, toda decisión de alto impacto asistida por inteligencia artificial deberá conservar una responsabilidad humana e institucional claramente identificable, basarse en información verificable y mantener trazabilidad y posibilidad efectiva de revisión. 

Cuarto, cuando exista incertidumbre científica y la posibilidad de consecuencias irreversibles, deberán prevalecer la prudencia, la prevención y el principio precautorio. 

Quinto, el aumento de la inteligencia disponible deberá orientarse prioritariamente a reducir riesgos, sufrimiento y desequilibrios ambientales, respetando siempre la libertad, la diversidad y los derechos fundamentales de las personas.

La humanidad no necesita construir desde cero ese fundamento ético. Diferentes tradiciones espirituales, filosóficas, humanistas y científicas han formulado principios que pueden traducirse a un lenguaje universal. 

En las enseñanzas directas de Cristo encontramos el amor al prójimo, la compasión, la humildad, el servicio y la protección del débil. En la filosofía del Tao encontramos el equilibrio, la moderación, la sencillez, la ausencia de imposición y la observación respetuosa de la naturaleza. 

La ética humanista aporta la dignidad, la libertad, la igualdad y la responsabilidad, mientras que la ciencia permite comprender nuestra interdependencia material con los sistemas terrestres. No se trata de programar una inteligencia artificial para que adopte una religión o una filosofía particular, sino de reconocer un acervo compartido y traducirlo en principios verificables: proteger la vida, evitar daños innecesarios e irreversibles, respetar la dignidad humana, actuar con humildad ante la incertidumbre y no destruir los sistemas naturales que hacen posible nuestra existencia.

Desde esta perspectiva, Cristo aporta el amor y la dignidad del otro; el Tao, el equilibrio y la comprensión respetuosa de la naturaleza; el humanismo, la libertad y la responsabilidad; y la ciencia, el conocimiento verificable de los límites y procesos del planeta. 

SALVETERRA procura integrar estos aportes dentro de una misión científica y territorial concreta: contribuir a restaurar el equilibrio de la Ecosfera mientras se mejora dignamente la vida humana y se establece un progreso humano verdaderamente sustentable. No pretende constituirse en la respuesta única al desafío de la inteligencia artificial, sino aportar un campo de experimentación donde pueda demostrarse cómo la inteligencia híbrida convierte conocimiento complejo en decisiones responsables al servicio de la vida.

  • El tiempo que la Ecosfera terrestre no tiene

Para una inteligencia artificial, el tiempo puede procesarse como una variable o una secuencia. Para un ser humano comprometido con una misión, el tiempo se siente de otra manera. Cada día transcurrido sin iniciar soluciones representa nuevas emisiones, más pérdida de suelos y biodiversidad, mayor presión sobre acuíferos, ocupación de áreas vulnerables y decisiones territoriales que después serán difíciles o imposibles de revertir.

La concepción original del Sistema SALVETERRA se formuló hace casi siete años. Desde entonces hemos desarrollado metodologías, artículos, manifiestos, propuestas técnicas, iniciativas legales y proyectos piloto. No ha faltado trabajo ni perseverancia. Lo que produce frustración es comprobar que una idea puede estar técnicamente desarrollada y, aun así, no encontrar el espacio institucional donde pueda ser discutida con seriedad.

Las estructuras internacionales suelen preguntar qué gobierno, organización o gran institución respalda una propuesta antes de valorar plenamente su contenido. Los responsables institucionales, absorbidos por sus propios problemas y agendas, pueden mostrar interés inicial y después dejar de responder. 

En los medios de comunicación, la vorágine diaria desplaza reflexiones que no corresponden a la urgencia inmediata del ciclo noticioso. Así, las ideas capaces de cuestionar el marco dominante quedan detenidas no necesariamente porque alguien decida censurarlas, sino porque el propio funcionamiento del sistema las filtra, diluye o posterga.

Mientras tanto, la naturaleza no espera. Los árboles, los humedales, los suelos, los arrecifes, los animales y las fuentes de agua no tienen representación política propia. Sufren las consecuencias de nuestras decisiones sin participar en ellas. Ser su voz implica también recordar que el tiempo ecológico continúa avanzando, aunque el tiempo institucional permanezca detenido.

  • Una propuesta construida durante años

SALVETERRA no surge como una reacción reciente ante el debate sobre la IA de frontera. Forma parte de una reflexión desarrollada durante años. En 2022 publicamos el artículo Los derechos de la vida de la Ecosfera terrestre y los problemas humanos, en el que ubicamos las guerras y los conflictos dentro de una crisis planetaria más amplia y defendimos el derecho de la vida terrestre a existir. Antes de ello comenzó la elaboración del libro Nuestra principal misión espacial: Salvar la vida del planeta Tierra, concebido desde 2018 y desarrollado en versiones posteriores, cuyo propósito es sensibilizar sobre la responsabilidad humana de salvaguardar la vida de nuestro único hogar conocido.

Los documentos fundacionales de SALVETERRA, sus manifiestos y sus artículos posteriores han mantenido la misma línea: la humanidad debe dejar de considerarse únicamente dominadora y consumidora para reconocerse como custodio consciente de la vida (www.salveterra.info). El artículo La misión olvidada de la humanidad profundizó esa pérdida de propósito compartido. Otros textos explicaron que restaurar la Ecosfera no es contrario al desarrollo económico, sino una de las inversiones más estratégicas del siglo XXI.

También hemos intentado vincular esta visión con el desarrollo de la inteligencia artificial. Preparamos una comunicación dirigida a Sam Altman y una ficha ejecutiva que propone utilizar la inteligencia híbrida, los gobiernos locales y proyectos demostrativos para convertir la información ambiental en decisiones concretas. También se las haremos llegar a otros actores clave en la búsqueda de ser escuchados.

Además, Costa Rica dio un paso institucional significativo mediante la Ley N.° 10.804, Reforma del Código Municipal para incorporar el tema ambiental y el tema climático, aprobada el 13 de noviembre de 2025 y publicada el 2 de diciembre de ese mismo año. La reforma asignó expresamente a los gobiernos locales responsabilidades relacionadas con la mitigación y adaptación al cambio climático, la protección ambiental, la conservación de la biodiversidad y la contribución a la restauración del equilibrio de la Ecosfera terrestre. 

Su incorporación al ordenamiento jurídico demuestra que una visión inicialmente conceptual puede transformarse en un mandato institucional. El reto pendiente consiste en traducir ese mandato en planificación territorial, presupuestos, proyectos verificables e indicadores que permitan evaluar sus resultados.

  • El municipio como célula de transformación

Un gobierno local permite observar, a escala humana, tanto el problema como la solución. Un municipio puede construir carreteras, urbanizaciones, comercios y puentes, y mostrar esas obras como prueba de progreso. Pero si simultáneamente impermeabiliza suelos, invade áreas inundables, contamina fuentes de agua, fragmenta ecosistemas y aumenta su vulnerabilidad climática, ese progreso es incompleto y puede convertirse en una deuda para las futuras generaciones.

El municipio no es una unidad insignificante. Es la célula territorial donde las decisiones se encuentran directamente con el suelo, el agua, el bosque, la comunidad y el riesgo. Por ello también puede ser la primera célula de transformación. Mediante ordenamiento territorial, terrazonificación, prevención de amenazas, restauración ecológica, adaptación climática y participación comunitaria, es posible orientar la inversión hacia una prosperidad más segura y duradera.

En abril de 2026 presentamos a la Municipalidad de San Carlos una propuesta para desarrollar un proyecto piloto de SALVETERRA en uno de sus distritos. El Concejo Municipal respaldó formalmente la iniciativa. Este respaldo constituye una base institucional importante, pero no garantiza por sí solo la ejecución. Las prioridades políticas, las diferencias sobre los modelos de minería y desarrollo, la atención de necesidades inmediatas y la inercia administrativa pueden detener una oportunidad aun cuando exista un acuerdo favorable. Dentro de este mismo marco estamos iniciando la coordinación con la academia geocientífica de Bolivia para desarrollar un piloto en el municipio de Palca.

La experiencia demuestra que, además de conocimiento y voluntad, se necesitan mecanismos capaces de sostener la coordinación, demostrar beneficios, conseguir financiamiento y dar continuidad a los procesos.

Esta experiencia no disminuye el valor del enfoque. Confirma precisamente la necesidad de una inteligencia híbrida capaz de traducir el conocimiento en escenarios comprensibles, demostrar beneficios, identificar financiamiento, conectar actores y sostener los procesos más allá de los ciclos políticos.

Un proyecto piloto permitiría probar esta propuesta de manera gradual, medible y bajo control humano. La inteligencia artificial nos facilita integrar información de campo, así como climática, geológica, ecológica, territorial, social y económica; identificar zonas prioritarias; comparar alternativas de inversión; anticipar riesgos y explicar los resultados a autoridades y comunidades. 

Las decisiones finales permanecerían bajo responsabilidad de las instituciones competentes y de la ciudadanía. El éxito no se mediría por la sofisticación tecnológica utilizada, sino por resultados verificables: reducción del riesgo, protección de fuentes de agua, restauración de ecosistemas, mejor orientación de la inversión y aumento de la resiliencia de las comunidades.

  • La inteligencia de frontera que necesitamos

No aspiramos a una superinteligencia que gobierne a la humanidad, sustituya su libertad o decida unilateralmente lo que es bueno. Tampoco queremos una tecnología que obedezca cualquier orden sin distinguir sus riesgos y consecuencias. Aspiramos a desarrollar una inteligencia artificial progresivamente más capaz, segura y responsable que, integrada con la conciencia y el conocimiento humanos, nos ayude a comprender sistemas complejos, anticipar riesgos, comparar alternativas, encontrar soluciones y acelerar su implementación. 

La inteligencia híbrida debe ampliar nuestra capacidad de decidir responsablemente, no reemplazar nuestra libertad ni eximirnos de las consecuencias de nuestras decisiones. 

Aplicada a SALVETERRA, una IA de frontera podría acelerar la terrazonificación de grandes regiones del planeta y, de esa manera, facilitar la implementación de soluciones locales y prácticas ante la crisis ambiental de la Ecosfera terrestre.

Identificar municipios donde existan condiciones favorables para desarrollar proyectos demostrativos; integrar información climática, geológica, ecológica, social y económica; elaborar escenarios territoriales; comparar alternativas de intervención; localizar aliados y fuentes de financiamiento; y adaptar la comunicación a diferentes comunidades, culturas e idiomas. 

Estas capacidades deberían operar con fuentes verificables, supervisión experta, protección de datos y responsabilidad institucional. No buscamos adquirir poder sobre las personas ni automatizar decisiones políticas. Buscamos aumentar la capacidad colectiva para superar la fragmentación y la inercia que impiden que soluciones necesarias lleguen a tiempo.

Nuestra experiencia ya constituye una forma inicial de inteligencia híbrida. La visión, el conocimiento científico, la experiencia territorial, la sensibilidad ética y la responsabilidad humana se combinan con la capacidad de la inteligencia artificial para ordenar, contrastar, sintetizar y comunicar grandes cantidades de información. Sin embargo, esta colaboración también exige reconocer sus límites: la IA puede producir errores, reproducir sesgos, utilizar fuentes incompletas o presentar con seguridad conclusiones que requieren verificación. 

Por ello, no sustituye la conciencia, el criterio profesional ni la responsabilidad institucional. Cuando se utiliza con supervisión crítica, puede ampliar considerablemente nuestra capacidad de comprender problemas y actuar sobre ellos.

Por eso sería lamentable que el temor condujera a renunciar a una herramienta capaz de contribuir a la restauración planetaria. El desarrollo de la IA de frontera debe avanzar con prudencia, transparencia, evaluación independiente y límites firmes. También necesita una misión positiva. La seguridad no consiste únicamente en impedir que la tecnología produzca daños; implica crear las condiciones para que sus capacidades puedan utilizarse responsablemente en la solución de los problemas que ya amenazan a las personas y a la vida del planeta.

  • Un nuevo norte para toda nuestra inteligencia

La principal misión de la humanidad no tiene que ser inventada mediante una teoría complicada. Se encuentra frente a nosotros: reconocer los daños acumulados, detener su profundización, restaurar progresivamente el equilibrio de la Ecosfera, reducir el sufrimiento, adaptarnos al cambio climático y construir una economía que prospere dentro de los límites de la naturaleza.

Desde SALVETERRA continuaremos trabajando con los medios disponibles. Sería extraordinario contar con una inteligencia artificial de frontera para acelerar la búsqueda de soluciones, abrir espacios de diálogo, encontrar recursos y llevar esta propuesta a miles de gobiernos locales. Mientras esa posibilidad se desarrolla, seguiremos fortaleciendo nuestra inteligencia híbrida, conscientes de sus límites, pero también de su enorme potencial.

Quienes hoy conducen el desarrollo de la inteligencia artificial tienen una responsabilidad histórica. No solo están creando máquinas más capaces; están contribuyendo a definir qué propósitos, valores e intereses serán ampliados por ellas. 

Los gobiernos, las universidades, las comunidades científicas, las organizaciones sociales y la ciudadanía también deben participar en esa definición. El futuro de la inteligencia artificial no puede quedar exclusivamente en manos de quienes poseen la capacidad técnica para desarrollarla, pero tampoco puede construirse sin ellos.

Desde SALVETERRA proponemos abrir un diálogo con desarrolladores de inteligencia artificial, universidades, gobiernos locales, organismos de cooperación y comunidades para diseñar un proyecto piloto verificable de inteligencia híbrida aplicada a la planificación territorial, la prevención del riesgo y la restauración ecosistémica. No proponemos comenzar con una transformación planetaria abstracta, sino con una experiencia concreta que permita aprender, medir resultados y mejorar progresivamente el modelo.

No necesitamos frenar la inteligencia que puede ayudarnos a proteger la vida. Necesitamos impedir que el sistema confundido la utilice para acelerar su destrucción. El verdadero desafío consiste en construir, entre todos, una inteligencia híbrida segura, responsable y orientada por un nuevo norte: restaurar el equilibrio de la Ecosfera terrestre mientras mejoramos dignamente la vida humana.

Antecedentes y referencias

Amodei, D. (2026, septiembre). We must pace the frontier. https://darioamodei.com/post/we-must-pace-the-frontier

Aristegui Noticias. (2026, 12 de septiembre). CEO de Anthropic pide frenar el ritmo del desarrollo de la IA; Altman y Musk coinciden. https://aristeguinoticias.com/1209/mexico/ceo-de-antropic-pide-frenar-el-ritmo-del-desarrollo-de-la-ia-altman-y-musk-coinciden/

Asamblea Legislativa de la República de Costa Rica. (2025, 2 de diciembre). Ley N.° 10.804: Reforma Código Municipal para incorporar el tema ambiental y el tema climático. La Gaceta, N.° 226. Sistema Costarricense de Información Jurídica. https://sinalevi.go.cr/

Asimov, I. (1950). I, Robot. Gnome Press.

Astorga Gättgens, A. (2021). Nuestra principal misión espacial: Salvar la vida del planeta Tierra (1.ª ed.). Impresiones don Homero. ISBN 978-9968-49-755-8.

Astorga Gättgens, A. (2022, 15 de marzo). Los derechos de la vida de la Ecosfera terrestre y los problemas humanos. Allan Astorga, consultor ambiental. https://julin-astorga-fxog.squarespace.com/allan-astorga/2022/3/15/los-derechos-de-la-vida-de-la-ecosfera-terrestre-y-los-problemas-humanos

Astorga Gättgens, A. (2026a, 18 de agosto). La inversión más estratégica del siglo XXI: Restaurar la ecosfera terrestre. El Financiero. https://www.elfinancierocr.com/opinion/la-inversion-mas-estrategica-del-siglo-xxi/ZSMJZAQ2YFASTDI6PTBMWAD4JM/story/

Astorga Gättgens, A. (2026b). La misión olvidada de la humanidad [Manuscrito inédito]. Sistema SALVETERRA.

OpenAI. (2026, 26 de agosto). The Hugging Face incident and the road ahead. https://openai.com/index/hugging-face-incident-and-the-road-ahead/

Sistema SALVETERRA. (s. f.-a). ¿Qué es el Sistema SALVETERRA? https://salveterra.info/

Sistema SALVETERRA. (s. f.-b). Ficha ejecutiva SALVETERRA [Documento institucional no publicado].

Sistema SALVETERRA. (s. f.-c). Manifiesto SALVETERRA [Documento institucional no publicado].

Sistema SALVETERRA. (s. f.-d). Plan estratégico de comunicación SALVETERRA [Documento institucional no publicado].

Sistema SALVETERRA. (2026, 17 de abril). Presentación del Sistema SALVETERRA ante la Municipalidad de San Carlos [Presentación institucional].

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