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23
Feb

By: Allan Astorga Gättgens

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El futuro del café y el destino de los bosques de montaña en Costa Rica

El cambio climático exige planificación territorial inteligente para evitar que la adaptación agrícola genere nuevos conflictos ambientales

I. El café como indicador temprano del cambio climático

En Costa Rica, el café no es solamente un cultivo agrícola. Es parte de nuestra historia, de nuestra identidad nacional y del paisaje de nuestras montañas. Sin embargo, hoy el café está cumpliendo una función adicional: se está convirtiendo en un indicador temprano del impacto del cambio climático sobre nuestro territorio.

Un análisis reciente determinó que Costa Rica ha experimentado aproximadamente 24 días adicionales por año de calor perjudicial para el cultivo del café, atribuibles directamente al cambio climático¹. Este dato se obtuvo comparando las condiciones climáticas observadas entre 2021 y 2025 con un escenario hipotético en el que el calentamiento global no hubiera ocurrido. Es decir, no estamos hablando de una predicción futura lejana: estamos describiendo una situación que ya está sucediendo.

¿Por qué es importante esto? Porque el café arábica, que es la variedad predominante en nuestro país, necesita temperaturas relativamente frescas y estables para mantener su calidad. Cuando las temperaturas superan ciertos límites, la planta sufre estrés fisiológico: cambia su ritmo de crecimiento, puede florecer de manera irregular y el grano puede perder calidad. Además, el calor excesivo facilita la aparición de plagas y enfermedades.

Para entender mejor estas proyecciones, es útil explicar brevemente cómo se construyen los escenarios climáticos.

I.1 ¿Cómo funcionan los modelos climáticos?

Los científicos utilizan modelos matemáticos que simulan el comportamiento del sistema climático del planeta. Estos modelos integran información sobre la atmósfera, los océanos, los suelos y los ciclos del carbono. Con base en diferentes supuestos sobre cuánto dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero emitiremos en el futuro, los modelos estiman cómo cambiará la temperatura global².

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ha definido distintos escenarios llamados SSP (Shared Socioeconomic Pathways). Cada uno representa un posible camino de desarrollo global:

• SSP1-2.6: escenario de bajas emisiones, donde el mundo reduce significativamente el uso de combustibles fósiles.
• SSP2-4.5: escenario intermedio, con reducción parcial de emisiones.
• SSP5-8.5: escenario de altas emisiones, donde el consumo de combustibles fósiles continúa aumentando.

Bajo escenarios de altas emisiones (SSP5-8.5), el aumento global hacia mediados de siglo podría situarse en un rango aproximado de 2°C o más respecto a niveles preindustriales, dependiendo del punto de referencia utilizado y del conjunto de modelos considerado³.

Puede parecer poco, pero en términos agrícolas es un cambio enorme.

I.2 ¿Qué significa un aumento de 2 °C en una montaña tropical?

En zonas tropicales como Costa Rica, la temperatura disminuye aproximadamente 0,6 °C por cada 100 metros de altitud. Esto significa que, si la temperatura promedio aumenta 2 °C, las condiciones climáticas actuales de una finca ubicada a 1.200 metros sobre el nivel del mar podrían encontrarse, en el futuro, a unos 1.500 o 1.600 metros.

Este fenómeno se conoce como desplazamiento altitudinal de la aptitud climática. En términos sencillos: el clima “sube la montaña”.

Para el café, esto implica que las zonas actualmente productivas en altitudes medias podrían volverse más cálidas y menos aptas con el tiempo. En contraste, las zonas más altas podrían convertirse en el nuevo núcleo productivo.

Sin embargo, aquí aparece una dimensión territorial clave.

Las áreas altas del país no son espacios vacíos. Muchas coinciden con bosques de montaña, zonas de recarga hídrica y pendientes pronunciadas. Si la agricultura se desplaza hacia arriba sin planificación territorial adecuada, la adaptación al cambio climático podría transformarse en una nueva presión sobre ecosistemas frágiles.

Este no es un mensaje alarmista. El café costarricense no está condenado a desaparecer. Pero sí está enfrentando condiciones distintas a las de décadas anteriores. La diferencia entre una transición ordenada y una problemática dependerá de nuestra capacidad para anticipar los cambios, utilizar información científica y planificar con criterio técnico.

El café nos está enviando una señal clara. Entenderla es el primer paso para actuar con responsabilidad.

II. Proyección territorial: ¿qué podría ocurrir en cada región cafetalera?

En la sección anterior explicamos que el cambio climático puede provocar un desplazamiento altitudinal de las condiciones óptimas para el cultivo del café. Ahora es necesario aterrizar esa explicación al territorio concreto de Costa Rica.

Para este análisis utilizamos tres elementos básicos:

1) Datos actuales de afectación térmica observada (24 días adicionales de calor dañino)¹.
2) Escenarios climáticos del IPCC hacia 2050²,³.
3) Distribución regional del área cafetalera nacional reportada por ICAFE⁴.

A partir de estos insumos se realizó una estimación técnica preliminar que clasifica las áreas en tres categorías: alta afectación, vulnerable y viable. No se trata todavía de un estudio SIG detallado, sino de una simulación razonada con base en altitud, temperatura proyectada y estructura territorial.

A continuación, se describe el posible comportamiento por región bajo un escenario climático crítico (SSP5-8.5).

II.1 Los Santos

Los Santos concentra la mayor superficie cafetalera del país y posee altitudes relativamente altas. Bajo un escenario de calentamiento fuerte, esta región podría convertirse en el principal núcleo productivo del café costarricense.

Sin embargo, eso no significa ausencia de riesgo. El aumento de temperatura implicaría mayor demanda hídrica, necesidad de sombra estructural y manejo cuidadoso de suelos en pendientes. La región sería mayoritariamente viable, pero con adaptación intensiva.

II. 2 Valle Occidental (Naranjo, Palmares, San Ramón)

Esta región presenta una combinación de altitudes medias y altas. Bajo el escenario crítico, una parte significativa de las zonas medias podría volverse vulnerable o incluso de alta afectación.

Aquí el desafío sería evitar que el desplazamiento hacia cotas más altas genere presión sobre áreas de mayor pendiente o cercanas a bosque.

II. 3 Valle Central y Tres Ríos

Las zonas de menor altitud del Valle Central serían particularmente sensibles al aumento térmico. En este caso, una proporción importante del área podría clasificarse como de alta afectación.

La adaptación podría implicar reconversión parcial hacia otros cultivos más tolerantes al calor o sistemas agroforestales mixtos.

II. 4 Pérez Zeledón

Con altitudes variables, Pérez Zeledón enfrentaría una combinación de áreas vulnerables y de alta afectación. La variabilidad climática interanual podría intensificarse, afectando la estabilidad productiva.

Aquí la planificación territorial sería determinante para evitar expansión hacia zonas de fragilidad ambiental.

II. 5 Turrialba y Orosi

Estas regiones, con condiciones históricamente favorables para el café, podrían experimentar un aumento significativo en estrés térmico. La combinación de calor y variabilidad hídrica podría elevar el nivel de vulnerabilidad.

La adaptación debería incluir diversificación productiva y fortalecimiento de sistemas agroforestales.

II.6 Coto Brus

Con altitudes medias y condiciones climáticas particulares, Coto Brus podría mantener una parte viable importante, aunque con creciente presión térmica en zonas más bajas.

II.7 Zona Norte

La Zona Norte, con altitudes más bajas en promedio, sería una de las regiones más sensibles bajo el escenario crítico. Parte de su superficie podría pasar a condiciones de alta afectación.

En estos casos, alternativas productivas como cacao agroforestal o sistemas mixtos podrían volverse más coherentes climáticamente.

II.8 Síntesis nacional

Si se proyectan estos comportamientos regionales al total nacional (aproximadamente 82.500 hectáreas de café⁴), una proporción significativa podría enfrentar presión severa o estructural hacia 2050 bajo un escenario crítico.

Esto no implica desaparición del café, sino reconfiguración territorial.

El mensaje central es claro: el cambio climático no afecta a todas las regiones por igual. La respuesta tampoco puede ser uniforme. La adaptación debe ser territorialmente diferenciada y basada en información técnica sólida.

III. Dimensión social, reconversión productiva y planificación territorial responsable

Hasta ahora hemos analizado el fenómeno desde la ciencia climática y desde la geografía productiva. Pero el café no es solamente una variable térmica ni un polígono en un mapa. Es el sustento de miles de familias costarricenses, muchas de ellas con generaciones enteras dedicadas a esta actividad.

Por eso, hablar de reconversión productiva no es simplemente proponer un cambio técnico. Es reconocer que el cambio climático puede obligar a tomar decisiones económicas y culturales profundas.

Si ciertas zonas pierden aptitud cafetalera bajo escenarios de calentamiento fuerte²,³, la respuesta no puede ser improvisada. Debe ser planificada, gradual y solidaria.

III.1 ¿Qué significa reconversión productiva climáticamente inteligente?

Significa evaluar, con base científica y territorial, qué actividades agrícolas son más coherentes con las nuevas condiciones térmicas e hídricas. En algunas zonas más cálidas podrían fortalecerse sistemas agroforestales con cacao, frutales tropicales o combinaciones productivas que mantengan cobertura vegetal y reduzcan erosión. En otras, podría ser más viable intensificar el café bajo sombra estructural o incluso promover restauración forestal estratégica en áreas de alta pendiente.

Lo importante es que la transición no sea desordenada.

Si el café migra hacia mayores altitudes sin planificación territorial, podría generarse presión sobre bosques de montaña y zonas de recarga hídrica. Esos ecosistemas cumplen funciones esenciales: regulan el agua, conservan biodiversidad y estabilizan suelos. Perderlos o degradarlos tendría consecuencias mucho más graves que la pérdida de productividad agrícola.

Por eso, la planificación territorial basada en una zonificación sostenible e inteligente se vuelve una herramienta central. Integrar datos de temperatura proyectada, balance hídrico, pendiente, uso del suelo e Índices de Fragilidad Ambiental (IFA), que permiten identificar con precisión la capacidad real del territorio para sostener actividades productivas sin comprometer la estabilidad.

Este enfoque no es ideológico. Es técnico.

Planificar bajo el escenario más exigente no significa ser alarmista. Significa aplicar el principio de prudencia. Si el mundo logra reducir emisiones y el calentamiento es menor, el territorio estará mejor preparado. Si no lo logra, la anticipación evitará impactos mayores.

Además, la adaptación debe ir acompañada de políticas públicas coherentes: acceso a financiamiento para transición productiva, asistencia técnica, fortalecimiento institucional y educación climática para productores.

Costa Rica ha sido reconocida internacionalmente por su liderazgo ambiental. Hoy el desafío no es solo conservar bosques, sino gestionar inteligentemente la interacción entre agricultura y ecosistemas en un clima cambiante.

El café nos está mostrando una señal anticipada del futuro. Podemos ignorarla y reaccionar tarde, o podemos utilizarla como una oportunidad para ordenar, planificar y proteger simultáneamente producción y naturaleza.

El café no solo está en juego como cultivo. Está en juego la forma en que decidimos ocupar nuestras montañas en el siglo XXI. La adaptación climática no debe convertirse en una nueva presión sobre los bosques de montaña, sino en una oportunidad para ordenar el territorio con inteligencia, anticipación y responsabilidad.

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