El pasado 17 de junio del 2024, la Unión Europea (UE) aprobó la Ley de Restauración de la Naturaleza. Forma parte de las iniciativas del denominado Pacto Verde Europeo, cuyo objetivo es alcanzar (para la UE) la neutralidad climática con meta del 2050. Aunque no negamos que este avance de la UE es muy importante en la lucha por recuperar el equilibrio de la Ecosfera Terrestre, no queda de otra que ubicarnos en la perspectiva global y señalar que, pese a lo relevante de acto, no es suficiente para el gran reto que debemos enfrentar como habitantes del planeta Tierra. Es vital ubicar cada acción en perspectiva y visión global, para no caer en el autoengaño de que “ya todo se está solucionando”, cuando la verdad, es que no es así.
Ley de Restauración de la Naturaleza de la UE: su aprobación enfrentó varios obstáculos, particularmente por las alegaciones del sector agrícola europeo que hace algunos meses sacaron sus tractores a las calles de las grandes capitales de Europa. Reclamaban por los precios de los insumos y las fuertes regulaciones para el uso de agroquímicos. Por eso, la propuesta original de la ley tuvo que ser modificada, para incluir “ciertas salvaguardas” para el sector agrícola.
La Ley pretende recuperar los ecosistemas de la UE, en especial, los que tienen mayor potencial como sumideros de carbono (bosques, humedales, praderas de montaña y estuarios). Su meta para el 2030, es que la restauración ecológica cubra al menos el 20 % de las superficies continentales y marítimas de la UE.
De acuerdo con la Nacional Geographic – España, “la ley establece objetivos específicos, que deberán ser alcanzados en marcos temporales definidos, para la restauración de hábitats protegidos y de especies protegidas, hábitats marinos, ecosistemas urbanos, conectividad de los ríos y de las funciones naturales de sus llanuras de inundación, polinizadores, agroecosistemas y ecosistemas forestales (artículos 4 a 10, respectivamente)”. Se citan como principales beneficios:
• Se podrán adaptar los bosques al nuevo escenario climático y reducir su riesgo de incendio.
• Se recuperarán pastizales que, tras el despoblamiento rural, se están matorralizando.
• Se incrementarán las poblaciones de polinizadores, esenciales para la producción agrícola.
• Se restaurarán humedales que filtrarán el agua contaminada por los fertilizantes y los purines.
• En las ciudades se creará infraestructura verde para reducir la contaminación atmosférica, suavizar el clima y favorecer la salud de las personas.
Urgente necesidad de visión global: si el resto del mundo tuviera iniciativas como la de la UE respecto a la Restauración de la Naturaleza, todo sería diferente. Desafortunadamente no es así, en términos de territorio, la UE cubre el 6,8 % de las tierras emergidas del planeta. Y en población representa el 5,6 % de la población de todo el planeta.
Visto así, la iniciativa de la UE, a pesar del enorme esfuerzo que representa, resulta más simbólica que significativa cuando se observa con visión planetaria.
Como hemos señalado en artículos previos (ver: www.allan-astorga.com) la Ecosfera terrestre es una sola, supera límites políticos, geográficos o climáticos. Es una misma y uniforme capa de vida que recubre la superficie del planeta Tierra desde hace más de 3.500 millones de años.
Por eso, una iniciativa como la Ley de Restauración de la Naturaleza de la UE, para aplicarse en Europa, aunque positiva, no es en absoluto suficiente. Si la misma se realizara en un contexto de una Acción Global que cubriera todo el planeta, tendría mucho más sentido y posibilidades de éxito.
La lógica simple nos indica que los objetivos propuestos por la UE, como una unidad, al cubrir solo una pequeña parte de la Ecosfera terrestre, son casi imposibles de lograr, si el resto del planeta sigue en franco deterioro y desequilibrio ambiental. La UE no es un satélite, ni está en una burbuja que la aísla del resto del planeta Tierra.
La crítica aquí tiene que ver con la miopía con que actúan el resto de las regiones del planeta (llámense los países que integran los Grupos Regionales de Negociación dentro del Sistema de las Naciones Unidas), ante la emergencia planetaria principalmente ocasionada por el Cambio Climático, la cual es transversal pues afecta todos los demás ecosistemas existentes y sin duda, representa una catástrofe ambiental.
Visto así, el resto de las regiones del mundo, incluyendo la nuestra, adoptan una visión egoísta e hipócrita y hasta cierto punto ignorante de la realidad, ya que varias de estas regiones, al igual que la sociedad europea, tiene patrones de consumo muy altos, con los que contribuyen enormemente a la depredación de la naturaleza del resto del planeta.
Sin embargo, la U.E. con su Ley de Restauración de la Naturaleza, pretende palear y corregir los daños ocasionados por esos patrones de consumo de sus sistemas productivos y humanos en pos de ofrecer un ambiente más sano a sus sociedades. Esfuerzo y actitud, que como desde el inicio indiqué, será solo puntual, si no es acompañado por esa visión global que debe incluir al resto de las regiones del planeta.
El verdadero esfuerzo de la UE debería ser impulsar en el marco de la Naciones Unidas y, en particular, del Consejo de Seguridad, la adopción de urgentes y globales medidas de restauración de la naturaleza. Dentro de esta acción planetaria, si resulta valedero su esfuerzo individual.
Estado de salud de la Ecosfera Terrestre: nuestro planeta sigue enfermo, en clara condición de desequilibrio y en franco proceso de deterioro. Los límites planetarios principales siguen acercándose hacia las zonas más críticas de peligro y camino a los puntos de no retorno. Esa es la realidad, pese a que algunos prefieran seguir diciendo que con recoger la basura y reciclarla, o ahorrar agua y energía ya estamos salvando el planeta. Eso no es cierto y tenemos que ser objetivos. Tenemos que hacer mucho, pero mucho más.
El contenido de CO2 en la atmósfera del planeta para este 2024 ya alcanza los 423.6 partes por millón (ppm) (https://es.statista.com/estadisticas/1269928/concentracion-atmosferica-global-de-dioxido-de-carbono/). En 1959, cuando comenzaron las mediciones y la población mundial rondaba los 3 mil millones de personas, el valor era de 315,98 ppm. Su incremento ha sido muy rápido, así como sus efectos en la atmósfera. Cada vez estamos más cerca de alcanzar los 1,5° grados por encima de la temperatura de año 1.800. Ahora se estima que será antes del año 2030. Todos percibimos, de una u otra forma, que las condiciones climáticas están cambiando muy rápidamente, nos movemos entre extremos.
Para el momento en que se escribe este artículo (22. junio.2024), a nivel global, la deforestación acumulada durante este año alcanza las 2.472.039 hectáreas, la tierra perdida por erosión anual de suelos es aproximada a las 3.328.041 hectáreas, el territorio afectado por desertificación ronda las 5.704.161 hectáreas, las emisiones de CO2 liberadas a la atmósfera este año son de aproximadamente 17.425.385 toneladas y la cantidad de químicos librados al ambiente es de 4.654.795 toneladas. Mientras tanto, la población mundial a esta fecha es de 8,117,373.153 habitantes. Como puede observarse, estamos muy lejos de estar incidiendo en la realización de cambios positivos para la Ecosfera terrestre.
La biomasa del planeta está descendiendo muy aceleradamente, tanto a nivel continental como oceánico. Entre 1970 y 2018, las poblaciones de casi 32.000 mamíferos, aves, anfibios, reptiles y peces presentaron una disminución del 69 % a nivel mundial. El panorama para América Latina, según el Informe Planeta Vivo publicado en 2022 por WWF, es más preocupante, pues la reducción durante el mismo periodo fue del 94 %(https://www.elespectador.com/ambiente/ruta-a-la-cop16). Estamos sumergidos dentro de una nueva gran extinción masiva de especies y nosotros, la humanidad, somos los principales responsables. Por eso ya no podemos seguir hablando con suavidad y diplomacia, se requiere mucho mayor firmeza y vehemencia.
Insistencia en acciones globales y estratégicas: en publicaciones previas hemos hecho propuestas concretas para la toma de acciones globales. Hemos insistido que la naturaleza nos brinda la solución: requerimos restaurar, al menos, 250 millones de hectáreas de ecosistemas y bosques tropicales. Esto es vital para ralentizar al incremento de CO2 en la atmósfera. Impulsar la agricultura y ganadería regenerativa. Ordenar y planificar los territorios de todos los gobiernos locales del mundo, bajo un sistema estandarizado de uso sostenible y de recuperación de los ecosistemas con visión global y planetaria. Tenemos la herramienta para hacerlo simultáneamente de forma global.
Hemos hecho las estimaciones de costo: se requieren 800 mil millones dólares por año que es equivalente al presupuesto militar de USA. Hemos planteado que esos recursos se pueden obtener si se le establece un impuesto ambiental global de $ 20 a cada barril de petróleo que se extraiga del planeta. Las reservas de hidrocarburos restantes, pueden y deben financiar la restauración de la Ecosfera terrestre desde ahora hasta que se agoten.
Las soluciones existen, lo que requerimos es de una visión global efectiva, un compromiso político mundial y no tanta burocracia ambiental que afecta a nuestros estados y a organizaciones clave como la ONU. Requerimos de cambios urgentes y prontos.
Allan Astorga
(*) El autor es Licenciado en Geología de la Universidad de Costa Rica. Excatedrático de Sedimentología y Geología Ambiental de dicha universidad. Doctor en Ciencias Naturales de la Universidad de Stuttgart, Alemania. Especialista en Evaluación de Impacto Ambiental, Evaluación Ambiental Estratégica, Ordenamiento y Planificación Ambiental del Territorio y Gestión Preventiva del Riesgo ante amenazas naturales (GeoRiesgos y efectos del Cambio Climático) / a.astorga.g@gmail.com.